Pronunciamiento de un sanmarquino sobre el Proyecto de Ley que crearía un Colegio Profesional de Historiadores del Perú.

lunes 27 de abril de 2009

Estimados lectores de El Espejo de Clío. Alcanzo a ustedes el pronunciamiento de un colega de la UNMSM, compañero de estudios, que refleja el sentir de muchos Historiadores con respecto a este absurdo Proyecto que hoy se debate en el Congreso de la República.

“…el historiador investigador obliga la titulación universitaria, se hace necesario la creación de un órgano de colegiación que regule esta actividad profesional e identifique a los historiadores titulados, persiga y corrija con contundencia, dentro del marco legal, el intrusismo profesional y la autonomización como historiadores que se hacen personas que no lo son; y, de acceso a la información y conocimientos de los logros y hallazgos en el campo de la Historia.”

La formación de un Colegio de Historiadores tiene pros y contras a mi parecer. La contra más saltante es la siguiente: imagino que la gran idea surgió de la comparación con carreras que los redactores consideraron más o menos afines –derecho y economía, por ejemplo- y con otras, un poco más distantes, pero igual de importantes –medicina y contabilidad-. El chiste es que en esas carreras y sus respectivos colegios la práctica y el ingreso al mercado laboral si tiene que estar regido por reglas específicas al ser de naturaleza distinta a nuestra carrera.

Me explico: el Colegio de Abogados de Lima es el ente que permite identificar a un abogado real de uno bamba, permite saber quién es abogado, cuándo se graduó y dónde estudió, para poder tomar una decisión con respecto a la contratación o no de uno; los abogados que no se encuentran dentro del Colegio no pueden ejercer la carrera puesto que es el estado –poder judicial mediante- es que pone las reglas de juego para su profesión; la pregunta cae de madura: ¿uds. se imaginan siendo defendidos en un pleito judicial penal o civil por alguien que no tiene título de abogado o que simplemente nunca se recibió o nunca estudió derecho? Un segundo ejemplo, el Colegio Médico. La pregunta directa es: ¿uds. confiarían en alguien que no fuera un médico colegiado en el supuesto –negado por cierto- de tener que ser operados del corazón o del pulmón? Y más aún, ¿uds. creen que el estado va a dejar operar, tratar o medicar a un médico que no se encuentra inscrito, oleado y sacramentado en el Colegio al que debe pertenecer?

En los anteriores casos sí se hace necesaria la figura del filtro que es el Colegio profesional. Las carreras son diferentes a la nuestra y siempre tienen que ver con una regulación y reglamentación nacida de una legislación estatal. La medicina, el derecho, la contabilidad, la administración, tienen una funcionalidad distinta –no mejor, ni peor- a la que tiene nuestra carrera. Nuestra carrera tiene una funcionalidad y naturaleza diferente. No es necesario ser un historiador de carrera –si es que existe el término- para hacer un muy buen trabajo de historia. Casos se han visto. En la misma sustentación histórica y biográfica del proyecto de ley –bien trucha de paso- se habla del caso de un personaje que ingresó a San Marcos en 1919, y que, además, obtuvo grados de Doctor en Letras, en Jurisprudencia y el título de Abogado, más no de historiador. Si no me falla la memoria su apellido era Basadre y su nombre Jorge, por citar sólo a uno de los muchos casos. Salvando las distancias Nicolás Lynch, graduado como Sociólogo, tiene un muy buen libro sobre la política de los últimos 20 años del XX, un libro de historia con buenas fuentes y trabajo metodológico.

Con la ley de la colegiatura ¿uno no puede llamarse “historiador-investigador” si no tiene el título bajo el brazo?, ¿uno no puede hacer investigación si no tiene título y si no está en el dichoso Colegio? Bajo ese argumento: ¿qué es el intrusismo profesional? ¿Basadre y Lynch, el primero citado en la sustentación, eran intrusos?, Y si yo tengo mi maestría y no mi licenciatura –como es el caso de muchos compañeros o camaradas- ¿no tengo derecho a investigar? Si no tengo el título y no pertenezco al colegio y me da la gana de hacer un libro sobre historia ¿no podré ingresar a ningún archivo puesto que no soy miembro del Colegio?, ¿el tribunal inquisidor arequipeño me va a castigar? Y si me castiga ¿cómo lo haría? ¿multándome?, ¿negándome el derecho a leer?, ¿impidiéndome que publique lo que se me de la gana?, ¿cortándome las manos para no poder escribir lo que me da la gana?

El párrafo citado se refiere a la nomenclatura del historiador-investigador. Yo digo, qué pasa con el historiador-profesor, con el historiador-bibliotecario, con el historiador-archivero, con el historiador-asesor, ¿tampoco tienen derecho de ser miembros del Colegio? Y si tuvieran la dicha de acceder ¿cómo los va a proteger el Colegio?, ¿qué beneficios les traerá?, ¿bajo que régimen legal estaremos?

Todo este discurso nació sólo de ese párrafo. ¡Imagínense la cantidad de errores que hay en el proyecto! Creo que hay otras vías para ayudar al desempeño profesional -más que al manoseado estudio de la historia- de los historiadores que salen de las universidades. Como lo señalé anteriormente, hay historiadores que trabajan como profesores en colegios, en academias y en universidades; hay historiadores –como es mi caso- que trabajan en archivos, bibliotecas, videotecas, etc.; hay historiadores que son asesores de ministerios; historiadores que trabajan en ONG’s, etc. Creo que la ley no contempla todas las ramas en las que los colegas pueden trabajar.

Miguel Vargas Valladares
UNMSM

 
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