Presentación de Publicación. OBRAS ESCOGIDAS DE CARLOS LAZO GARCÍA. TOMO III. LA MONEDA

miércoles 26 de noviembre de 2008

Publicado a manera de homenaje póstumo a la memoria del maestro e historiador. El texto es una valiosa fuente de información para estudiantes, profesionales y amantes de nuestra historia. Carlos Lazo García fue docente universitario y director de la Escuela Académico-Profesional de Historia de la Universidad de San Marcos. Es autor de Crónicas peruanas de los siglos XVI, XVII y XVIII (1975); Economía colonial y régimen monetario: Perú, siglos XVI-XIX, 3 vols. (1992), y de numerosos estudios sobre la acuñación de monedas en la ceca virreinal de Lima. En colaboración con Javier Tord Nicolini publicó Del negro señorial al negro bandolero: cimarronaje y palenques en Lima, siglo XVIII (1977); Economía y sociedad en el Perú colonial: dominio económico y movimiento social (1980), entre otros libros.

Comentaristas: Waldemar Espinoza, José de la Puente Brunke y Francisco Quiroz Chueca

Día: Lunes 1 de diciembre a las 5 :30 (hora exacta)

Este evento se realizará dentro de la actividades de la Feria del libro Ricardo Palma de Miraflores- Anfiteatro Chabuca Granda- Parque Kennedy

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La modernidad y el devenir de las instituciones de control. Marco Teórico

miércoles 19 de noviembre de 2008

Yeiddy Chavez Huapaya

Hemos pasado de un animal a otro, del topo a la serpiente,
en el régimen que vivimos, pero también en nuestra forma
de vivir y en nuestras relaciones con los demás. El hombre de
las disciplinas era un productor discontinuo de energía, pero el hombre
del control es más bien ondulatorio, en órbita sobre un haz continuo.
Por todas partes, el surf ha reemplazado a los viejos deportes
. Gilles Deleuze.

Es substancial preguntarnos sobre el surgimiento de las instituciones cerradas y en especial la carcelaria dentro del horizonte de la conformación y el proceso de las nociones de seguridad y orden del mundo moderno. Ya que esto mismo nos serviría como un marco histórico - filosófico idóneo para poder situar nuestra investigación dentro de una perspectiva histórica y por otro lado como marco teórico en base a la cual poder obtener máximas referencias sobre hasta donde se han desarrollados la temática carcelaria dentro de las ciencias sociales.

Quizás unas de las primeras preguntas validas esta referida a la relación espacios de reclusión y la historia de nuestra civilización moderna y en este sentido preguntarnos ¿Cuál es el orden funcional de una institución carcelaria, como una institución moderna dentro de un mundo social, a la vez, sometido al gran sistema mundo, como lo es el orden capitalista? ¿Cuáles fueron sus características que existían más allá del discurso oficial?

La modernidad a través del análisis del proceso de su génesis se forjo en base a un discurso que privilegia la hegemonía del poder político y cultural basado en el predominio de instituciones, fue precisamente este poder institucional que la modernidad utilizó como instrumento eficaz en la homogenización de culturas, en preservar los parámetros de seguridad y de moldear la vida cotidiana en sí. [1]

La esencia que caracterizó a estas instituciones modernas en un primer momento, y hasta la actualidad, es su poder avasallador y universal con respecto a formas de vidas exógenas y alternativas, y a la vez, con los modos de comportamiento social que les son difíciles de sobrellevar. Pero a la vez la modernidad llevara acabo su poder avasallador contra todo agente, que dentro de la propia modernidad, atentase contra su normal desenvolvimiento.

En tal sentido, la modernidad, desde sus inicios en el siglo XVI con las disciplinas iusnaturalistas, problematizo la razón de ser y el alma de la civilización moderna: el proceso en el cual la humanidad pasó a ser una sociedad estable socialmente, una sociedad que brindara orden y seguridad para el desenvolvimiento normal de lo social mediante el establecimiento de lo institucional.

El paradigma de una sociedad ordenada y segura, donde el ser humano y su actividad socio cultural estén fuera de todo riesgo y amenaza latente, pasó a ser para la modernidad un proyecto político de suma importancia.

Proyecto en el cual las instituciones serian las principales representantes, como organizaciones sociales encargadas de la supervisión y control social, así como de influir drásticamente en la formación de un ciudadano conciente de una carga moral laica o religiosa, respetuoso de la ley y de las buenas costumbres.

En este aspecto podemos encontrar el legado iusnaturalista de Jhon Locke, Thomas Hobbes y de Rousseau. Autores, que conocieron lo fundamental del establecimiento en el discurso filosófico, y en la practica social, de la hegemonía de las instituciones modernas como eje estructurante de nuestra civilidad y responsables del orden y la seguridad enmarcados dentro de un poder universal y único.

“Pero el arte va aún más lejos, imitando la obra más racional y excelente de la Naturaleza que es el hombre. Pues mediante el Arte se crea ese gran Leviatán que se llama una republica o Estado (Civitas en latín), y que no es sino un hombre artificial, aunque de estatura y fuerza superiores a las del natural, para cuya protección y defensa fue pensado”[2].

Es así como la ideología liberal en el siglo XVII tuvo real reparo en plantearse que una sociedad política, que haya superado al estado de la naturaleza, es una sociedad que prioriza la necesidad de la protección de la vida y la libertad pero en mayor medida la defensa de la propiedad y de los bienes.

“Pues como en el estado de naturaleza todos son reyes lo mismo que él, cada hombre es igual a los demás; y como la mayor parte de ellos no observa estrictamente la equidad y la justicia, el disfrute de la propiedad que un hombre tiene en un estado así es sumamente inseguro. Esto lo lleva a querer abandonar una condición en la que, aunque él es libre, tienen lugar miedos y peligros constantes; por lo tanto, no sin razón esta deseoso de unirse en sociedad con otros que ya están unidos o que tienen intención de estarlo con el fin de preservar sus vidas, sus libertades y sus posiciones, es decir todo eso a lo que doy el nombre genérico de propiedad” [3]
Para el liberalismo el orden y la seguridad eran los preceptos de “civilidad” sin los cuales era totalmente imposible articular prácticas de vida política y de sociedad, para preservar tales practicas era necesario resguardarlas mediante el castigo y el aislamiento.

“Así, el estado se origina mediante un poder que establece cual es el castigo que corresponde a las diferentes trasgresiones de aquellos que, entre los miembros de una sociedad, piensan que merece la pena cometerlas; este es el poder de castigar cualquier daño que se le haga a un miembro de la sociedad, cometido por alguien que no pertenece a ella.” [4]

Michael Foucault, entendió acertadamente que siempre existió, en casi todas las sociedades, el sentido y la necesidad social de la seguridad y de los diferentes mecanismos sociales de control que se dan para garantizar esta seguridad, ya que estos controles funcionaron también en la lógica de poder de la sociedad feudal, aunque es necesario advertir, que estas eran en definitiva muy diferentes a la de la sociedad moderna.

Podemos decir en tal sentido, que el carácter procesal de la justicia medieval tenían dos principios rectores el retibutio en la cual la pena se entendía como una forma de equilibrar punitivamente a favor del que había sido la victima de delito, el otro principio era el expatio, que es el sentido de castigo divino, que se le da a todo acto punitivo.

“Esta naturaleza en tanto hibrido – retibutio y expatio - de la sanción penal en la época feudal, por definición, no puede encontrar en la cárcel o sea en la privación de un Quantum de libertad su propia ejecución”.[5]

Vale decir que según Mellosi y Pavarinni, que la cárcel es un espacio, que se conoció en la edad media, pero no como un espacio en el cual se penaba con la no libertad de los individuos, ya que esto ultimo no encajaba dentro de las categorías culturales de la edad media.

“En el sistema de producción pre capitalista la cárcel como pena no existe; esta afirmación es históricamente verificable, con la advertencia de que no se refiere tanto a la cárcel como institución ignorada en el sistema feudal, cuanto pena de intervención como privación de la libertad”. [6]

La sanción penal dentro de la justicia medieval, tiene al “suplicio” como la principal herramienta de escarmiento y advertencia social, como nos diría Foucault el suplicio “no es la simple privación de la vida” sino que es la exaltación del dolor y la agonía que entra en correspondencia con “el retibutio “, que no es otra cosa que el equilibrio entre delito y pena explicado líneas arriba.

“El suplicio pone en correlación el tipo de perjuicio corporal, la calidad, la intensidad, la duración de los sufrimientos con la gravedad del delito, la persona del delincuente y la categoría de sus victimas. Existe un código jurídico del dolor; la pena cuando es suplicante, no cae al azar o de una vez sobre el cuerpo, sino que esta calculada de a cuerdo a reglas escrupulosas: numero de latigazos, emplazamiento de hierro al rojo, duración de la agonía en la hoguera o en la rueda. [7]

Un buen ejemplo de esto nos lo da nuestra propia historia, ya que en las sociedades pre capitalistas como la incaica, no existían cárceles en el estricto sentido moderno de la palabra, es decir espacios donde se recluyan personas bajo pena privativa de la libertad; sino espacios de suplicio, según Huaman Poma de Ayala y la mayoría de cronistas, tenían la finalidad de servir como lugares de sufrimiento.

“El texto escrito de Nueva Crónica es fragmentario y en muchos pasajes, incoherentes, pero los dibujos, trazados con rasgo ingenuo complementan eficazmente la información. Destacamos aquel que muestra la cárcel cuzqueña de Sancay, en la que un hombre se encoje aterrorizado al verse rodeado de un zoológico de fieras que lo huelen y miran con no buenas intenciones. Quizás sea ésta una visión un poco distorsionada de la prisión incaica, pero es la única que existe” [8]

Pero es con la civilización moderna con la que más se profundizó los aspectos de seguridad social, ya que en esta han tenido origen instituciones, que específicamente, tienen como función crear espacios físicos, como los establecimientos carcelarios, en los cuales se coloque todo aquello que en buena medida, escape o atente contra el proyecto político de una seguridad ontológica, propia del mundo moderno.

Estas instituciones modernas de poder como la carcelaria, nos presentan un sistema de advertencias, que heredaron de la experiencia medieval, pero a la vez un sistema de coerción como pena privativa de la libertad, como forma de protección social, y a la vez, como castigo por transgredir o amenazar lo social en su conjunto.

Es por eso que tenemos que entender que el surgimiento de instituciones cerradas como la carcelaria responde en gran medida a un reconocimiento sustancial del orden y la seguridad por parte de los principales filósofos de principios de la civilización moderna, pero también, y esto es muy importante, tenemos que tener en cuenta el horizonte de sentido que se da, al orden y a la seguridad, ya que se construye íntimamente por el pensamiento liberal de la época, en pocas palabras el espíritu burgués.

Es importante destacar aquí el interés de las ciencias sociales contemporáneas al estudio los sistemas penitenciarios, el en sentido de poner en evidencia las grandes hipótesis que refieren al surgimiento de la prisión, y mucho mas aun, los grandes resultados que las investigaciones de las instituciones cerradas llámese a ellas: cárceles, manicomios, cuarteles y monasterios ha provocado en el mundo de las ciencias sociales.

Es en tal sentido, es de gran relevancia observar como autores como Anthony Giddens, Michel Foucault y Irving Goffman, trataron en suma de emprender la aventura intelectual en lo que refiere a la concepción y el entendimiento de los orígenes y el propósito en si de estas instituciones cerradas.

En primer lugar tenemos que entender la posición del primero de estos autores que concibe que estos mecanismos de control y supervisión de las instituciones cerradas y en particular del sistema penitenciario, van mas allá de las relaciones entre clases sociales, sino que en la actualidad, se dirigen a toda la sociedad y en todas las direcciones, por lo cual se podría deducir el control moderno en el que se basa la seguridad de la sociedad ideal, se hace cada vez parte de lo normal y cotidiano dejando al campo de las ciencias sociales el descubrimiento y puesta en evidencia de estos mecanismos coercitivos.

“La supervisión da origen a asimetrías particulares de poder y consolida en grado diverso el imperio de algunos grupos o clases sociales sobre las demás. Pero seria un error centrarse demasiado en ese aspecto. Mucho mas fundamental es la intensificación del control administrativotas en general; se trata de un fenómeno no dirigido del todo por nadie en particular, pues afecta precisamente a las actividades de todos” [9]

Es así como partiendo de la de la premisa anterior, podemos entender a un autor muy polémico y también fuente de mucha influencia en las ciencias sociales, nos estamos refiriendo a Michael Foucault, que entendió el nacimiento de las instituciones cerradas y en especial el sistema penitenciario desde una perspectiva histórica pero a la vez política.

Este autor nos planeta una interesante relación que puede extraerse mas allá de los discursos oficiales que nos pueden dar un mero análisis funcionalista; por el contrario su merito, fue de encontrar de una forma atinada las intimas relaciones que se desarrollan entre la hegemonía cultural de la clase burguesa y el nacimiento de las prisiones y de los espacios cerrados.

La nueva moral burguesa trajo consigo una nueva forma de entender lo social y lo individual, bajo valores de respecto a la propiedad y la libertad como características innatas del hombre, por lo tanto castigar las fechorías y delitos, tenían que estar delimitadas por estas categorías culturales, ya no era moral castigar mediante el suplicio publico como en el antiguo régimen; sino por el contrario darle un nuevo contexto moral y social en el que la pena sea la privación del logro político de la sociedad burguesa : la libertad.

“Reanimar un interés útil y virtuoso, que el delito prueba hasta que punto se ha debilitado. El sentimiento de respeto a ala propiedad -la de las riquezas, pero también la del honor, de la libertad, de la vida lo ha perdido el malhechor cuando roba, calumnia, secuestra o mata. Es preciso, por lo tanto, hacérselo
aprender de nuevo. Y se comenzara a enseñárselo por el mismo: se le hará experimentar lo que es perder la libre disposición de sus bienes, de su honor, de su tiempo, y de su cuerpo, para que la respete de una vez a los demás. La pena que forma signos estables y fácilmente legibles debe también recomponer la economía de los intereses y la dinámica de las pasiones”. [10]

Es así que en la Europa a fines del siglo XVIII, podemos encontrar el origen del sistema carcelario moderno, que forma parte de una nueva moral y que sustituye la práctica del suplicio medieval, en tanto que ya no forma parte de las nuevas categorías culturales, que entienden por una parte que nada se genera mediante el castigo extremo y ala vez que entienden a las personas que ha cometido delito, como regenerables en tanto cumplan como penalidad ultima, la restricción efectiva del uso de la libertad en un recinto cerrado : la cárcel.

Pero al mismo tiempo Michel Foucault, es muy claro al aludir, que la modernidad, la cual se forma en base al nuevo espíritu de la razón burguesa, es la que reproduce constantemente un discurso en el cual la seguridad ontológica de convivencia burguesa se encuentra en un constante peligro. Es precisamente allí donde se origina una característica o quizás una de las muchas esencias vitales de lo moderno: el gran miedo hacia lo popular.

Es este gran miedo hacia lo popular, este miedo propio de nuestra civilización moderna la causa primordial - según este mismo autor - de una exacerbación en todo sentido de los mecanismos sociales de control y vigilancia y a la vez de la génesis del los sistemas penitenciarios modernos, que se dan como resultado del progreso industrial del finales del siglo XVIII, en el cual la burguesía se hizo de la hegemonía política, económica y cultural.

“Pero cuando la fortuna burguesa se encontró invertida en gran escala, en una economía de tipo industrial, es decir invertida en talleres, en útiles, en maquinarias útiles, en materias primas, y todo ello fue puesto en manos de la clase obrera, la burguesía puso su fortuna literalmente en manos de la capa popular….el peligro corrido entonces por las nuevas formas de la fortuna burguesa hizo a la burguesía mucho más intolerante….la persecución de ladrones, la persecución de esa cantidad de pequeñas depredaciones de las que mucha gente vivía todavía bajo en antiguo régimen, comenzó a ser sistemática a partir de esa época.” [11]
En realidad, la modernidad burguesa, como nos dice Foucault siempre pretendió la homogenización de lo social en todos sus aspectos, en base claro a sus aspiraciones esenciales, pero en el mismo sentido fue capaz también de ir más allá de sus ambiciones, para proyectar concretamente en la realidad un proyecto arquitectónico -que en realidad fue el primero de una estirpe que hasta la actualidad nos acompaña- como el panóptico con el cual se inauguro la utopía burguesa :la sociedad omnicontrolada[12].

La construcción del panóptico como una obra de arquitectura carcelaria hace irrebatible la ilusión de un omni poder burgués en la cual el reo quedara total y absolutamente vigilado en cada aspecto de su vida cotidiana, con esto el cuerpo queda subyugado en unas mecánicas de control, nunca antes vistas, en las cuales, los movimientos gestos, actitudes quedan sometidos y posteriormente transformados y perfeccionados.

“el sueño de Bentham, el panopticón, en el que un solo individuo podría vigilara todo el mundo, es en el fondo, el sueño o mejor dicho unos de los sueños de la burguesía (porque ha soñado mucho). Este sueño lo realizo. Tal vez no lo ha realizado en la forma que Bentham proponía, pero debe recordarse lo que Bentham decía a propósito de panopticón: es una forma de gobierno; es para el espíritu una manera de ejercer el poder sobre el espíritu. Veía en el panopticón una definición de las formas del ejercicio del poder”[13].

Estas instituciones de control, son las cárceles y los manicomios, que tuvieron su aparición de forma gradual, porque la modernidad fue construyendo un discurso que podemos llamar corrección secular, por el cual los problemas sociales, como lo dijimos líneas arriba, como el crimen fueron tratados ya no como simple mente dados sino muy por el contrario como transformables o corregibles.[14]

Es por esto que es relevante tratar de engarzar el desarrollo de las intuiciones cerradas, teniendo en cuenta las múltiples concordancias que podemos encontrar en autores como Michael Foucault y Erving Goffman.

Similitudes que se dan en tanto el desarrollo de las instituciones carcelarias en el siglo XIX que generan un tipo peculiar de arquitectura como es el panóptico, pero que sustancial mente generaban políticas de excesivo control y vigilancia en donde toda la vida cotidiana del reo, era observado y al detalle minuciosamente desde una posición espacial que genera poder de observar absolutamente todo, jerarquizada y altamente vertical, un escenario tal que se pone en evidencia una microfísica del poder. Y que en el siglo veinte se conciben desde la óptica de Erving Goffman como instituciones totales:

“Un lugar de residencia y trabajo, donde un gran numero de individuo en igual situación, aislados de la sociedad por un periodo apreciable de tiempo, comparten en su encierro una rutina diaria, administrada formalmente.”[15]


El trabajo de Erving Goffman, en su texto “Internados” ensayos sobre la situación social de los enfermos mentales”, marca las características disciplinarias típicas de las instituciones cerradas del siglo veinte -que foucault ya nos reseño para principios del siglo dieciocho en Vigilar y castigar- en las cuales las actividades de la vida cotidiana de los enfermos mentales se ven absolutamente programadas.

”Todas las etapas de las actividades diarias están estrictamente programadas, de modo que una actividad conduce en un momento prefijado a la siguiente y toda la secuencia de las actividades se imponen desde arriba, mediante un sistema de normas formales explicitas, y un cuerpo de funcionarios”[16]

Pero a la vez, tenemos que cuestionarnos, cual es el estado actual o en todo caso, como se reconfigura en la actualidad estas diversas tecnologías de poder que a lo largo de estos dos últimos siglos nos han mostrado todo su ingenio. Es por esto que es preferible tratar de entender el desarrollo de las instituciones cerradas dentro de la perspectiva actual y dentro de las que nos podrán servir como directrices teóricas en donde apoyarnos para esta investigación.

Quizás el autor que nos narra tan bien esta peculiaridad es Gilles Deleuze, el nos plantea multi polarizacion del poder y una crisis de las instituciones cerradas que son remplazadas por nuevas formas de sociedades del control.

“Estamos en una crisis generalizada de todos los lugares de encierro: prisión, hospital, fabrica escuela, la familia es un interior en crisis como todos los interiores escolares, profesionales, etc. Los ministros competentes no han dejado de anunciar reformas supuestamente necesarias .reformar la escuela, reformar la industria, el hospital, el ejército, la prisión: pero todos saben que estas instituciones están terminadas, a más o menos plazo. Solo se trata de administrar su agonía y de ocupar a la gente hasta la instalación de las nuevas fuerzas que están golpeando la puerta. Son las sociedades de control, las que están reemplazando a las sociedades disciplinarias”. [17]

Deleuze, toma en cuenta lo significativo que es entender esta sociedad del control como el poder social con el que convivimos a diario y que implica una sociedad unidimensional de verdades y certezas que cambian y se modulan en formas diversas, pero que tiene un norte definido servir a una estructura de poder, a la cual muchos de nosotros criticamos o amamos: la sociedad liberal.



[1] “La modernidad se ha de entender en un plano institucional, pero los cambios provocados por las instituciones modernas se entretejen directamente con la vida individual y, por lo tanto, con el yo” Anthony Giddens. Modernidad e identidad del yo .El yo y la sociedad en la época contemporánea. Editorial península. Tercera Edición 2000 Barcelona. Pág. 9.
[2] Hobbes, Thomas. Leviatán o la materia, forma de poder de un republica eclesiástica y civil .editora nacional. Madrid 1980. Pág. 117. cursivas mias.
[3] Locke, John. Segundo tratado sobre el gobierno civil. Un ensayo acerca del verdadero origen y alcance y fin del gobierno civil. Alianza editorial. 1990 Pág. 143
[4] Ibíd. Pág. 103
[5] Melossi, Darío y Pavarinni Mássimo. Cárcel y fabrica: Los orígenes del sistema penitenciario (siglo XVI-XIX) Siglo XXI .I987 Pág. 20
[6] Ibíd. Pág. 19
[7] Foucault, Michel. Vigilar y castigar. nacimiento de la prisión. Siglo XXI. 1976 Pág. 40
[8] Vega, Santa Gadea. Fernando. La evolución de la pena privativa de la libertad en el Perú. Consideraciones generales acerca de la punición incaica , la cárcel en la colonia y la administración penitenciaria durante la republica
[9] Anthony Giddens. Ibíd. Pág. 191. cursivas mías.
[10] Foucault, Michel. Vigilar y castigar. nacimiento de la prisión. Siglo XXI. 1976 Pág. 111.
[11] Michael Foucault. “A propósito del encierro penitenciario”.En: Un dialogo sobre el poder. Alianza Editorial
[12] Quizás lo peculiar de esta utopía burguesa es que nos muestra las mismas verdades únicas y culturales de la sociedad que superó, ya que este omni poder burgués, contextualizado en un discurso liberal acérrimo, reemplaza a la teleología cristiana del paraíso por teleológico y sagrado de la libertad de empresa y la divinidad de las inversiones en el reino del capital.
[13] Ibíd. Pág. 62.
[14] Es por eso que el manicomio se crea como una institución propiamente curativa, en el cual la reclusión específicamente, pretende en todo momento ser fuente de curación
[15] Irving Goffman. Internados. Ensayos sobre la situación social de los enfermos mentales. Amorrortu editores 6ª edición. Buenos Aires 2001.Pág. 13.
[16] Ibíd. Pág. 20.
[17] Pilles Deleuze. Posdata sobre las sociedades de control. En Christian Ferrer (comp.) El lenguaje literario, Tª 2, Ed. Nordan, Montevideo, 1991.Pág. 2.

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La izquierda conservadora

domingo 16 de noviembre de 2008

Ronald Jesús Torres Bringas

Cuanto más el irreversible mecanismo de la historia transforma implacablemente las condiciones materiales de la civilización, y con ello, trastoca los múltiples sistemas de significación de la cotidianidad, tanto más los espectros de la izquierda se entercan en no cambiar sus esquemas de interpretación del mundo, y por tanto, son incapaces de reconocer en su justa medida la preeminencia de fenómenos sociales que escapan a su raquítica sensibilidad. En su intento de fortalecer las bases sociales que soportan la represión del sistema, tanto más envenenan de discursos harto envejecidos, que convierten la impetuosa acción política de sus categorías más jóvenes, en acciones irracionales, incapaces de transgredir concretamente la inmensidad de la maquinaria social. La retórica rebelde, el casete odiosamente repetido, los mismos íconos maquillados una y otra vez, no hacen sino cansar el ánimo de los explotados que dicen defender, porque no reconocen que las prácticas sociales que define el actual patrón de poder se divorcian de los estamentos clásicos de la lucha política y se centran en la búsqueda obsesiva de espacios culturales, que den sentido a sus experiencias individuales.

La izquierda radical al no entender que existen mutaciones aceleradas en el seno de las relaciones sociales, no llega a desarrollar una estrategia efectiva de representación de las clases disminuidas, porque no conocen a cabalidad la estructura de mentalidades que rigen los desenvolvimientos cotidianos de las categorías populares. El hecho de desconocer las motivaciones semánticas que constituyen el mundo simbólico hace que todas las tácticas doctrinarias y proselitistas, que ensayan con el propósito de generar conciencia colectiva, colisionen terriblemente contra el cuerpo de conocimientos ideológicos de la realidad social. Insisto, la razón de su repliegue político hacia algunos sectores de resistencia de las clases populares, el hecho de que sus iniciativas políticas no encuentren profusión en la sociedad, no es ocasionada por los efectos de una ofensiva autoritaria en contar de las ideologías que orientaban la acción socialista. Es en el fondo la intransigencia de no aceptar los contenidos subjetivos de la cultura popular, la terquedad de no adaptar el esquema de reivindicaciones sociales a las nuevas necesidades que surgen en escena, lo que ha determinado el fracaso de los movimientos de izquierda en la actualidad del mundo contemporáneo.

La obligación de reestructurar los contenidos normativos de la ideología socialista, encuentra a la izquierda en una situación de empecinamiento dogmático; enfermedad del pensamiento que evita que los intelectuales de izquierda abandonen las trincheras doctrinarias, desde las cuales siguen interpretando erróneamente la realidad peruana, y enfermedad que convence al hombre de izquierda que la única lectura correcta de la totalidad social es la marxista, y que los otros discursos que surgen son distorsiones academicistas, estupideces estéticas que distraen la atención de los problemas esenciales. El culto a los ídolos proféticos de la ideología contestataria vuelven en ignorantes resentidos a los espíritus libres, pues, no son capaces de intentar una superación dialéctica de los referentes de conocimiento de la herencia marxista, porque hacer esto sería profanar la verdad absoluta de un genio, que vio, curiosamente en el fanatismo a su discurso, la posible petrificación de las fuerzas históricas que habían despertado sus enseñanzas. La parálisis de un discurso que se resiste a variar la lógica de su diagnóstico, porque argumenta que ya todo esta dicho de antemano, solamente puede desnudar la ineptitud de los sectores de vanguardia para instituirse en una real alternativa de desarrollo a la infamia del capital.
Pero ensayemos una explicación estructural del porqué de este rezago histórico con respecto a las verdaderas fuerzas sociales que hoy modelan la realidad social. Mi discurso intentará desarrollar una comprensión económico-cultural de la evolución de la izquierda peruana, transitará por un somero análisis de la regresión cultural que significó la avanzada senderista, para luego terminar en una reflexión sobre las posibilidades del discurso revolucionario en la actualidad del mundo globalizado. Mi intención no es atacar las bases objetivas que hacen real y necesaria la existencia del hombre de izquierda, sino tratar de elaborar una comprensión de los motivos inconscientes que han hecho de la izquierda peruana un estorbo ideológico para el asentamiento de auténticas relaciones de modernidad.

La génesis de las relaciones modernas que componen nuestra realidad peruana, no han sido producto de una expresión natural de las potencialidades sociales de nuestra particular cultura civilizatoria. La manifestación de los procesos sociales que constituyen nuestra accidentada identidad, han sido resultado de los avances y retrocesos del proceso de modernización, atravesado por conflictos y negociaciones, que han desatado una situación en la cual los perfiles de la formación precapitalista no se corresponden con una cultura que es modelada incesantemente por las ideologías del consumo y la publicidad. Esta condición socio histórica ha sido el producto de un proyecto inconcluso de modernidad, en el cual el falso desarrollo que se ha conquistado ha obstruido el verdadero desarrollo de las clases que soportan las diversas formas en que se presenta la división del trabajo.

Claro está, en determinadas condiciones no ha bloqueado la creatividad de las economías populares; es más les ha otorgado una superestructura de saberes, que vinculados estrechamente a sus matrices culturales originales, han conseguido elaborar toda una mentalidad empresarial, proclive a mutar extraordinariamente según las circunstancias del capital periférico. Sin embargo, esta base de una burguesía incipiente ha sido el resultado de un dramático reacomodamiento de las fuerzas populares, a lo largo del ciclo de desactivación del patrón de crecimiento industrial. Despojados del marco institucional que estimulaba su incorporación al sistema productivo como asalariados, el hombre del mundo popular ha sido obligado a abandonar las formas clásicas de enfrentamiento político que se sostenían en los gremios sindicales, y desplazar sus orientaciones de valor hacia la consecución de una estrategia de producción artesanal y manufacturera que le permita conseguir un lugar en el mercado de bienes y servicios.

Esta decisión de deshacerse de los saberes revolucionarios de la modernidad temprana no ha variado la lógica de producción de sentido de las clases sociales. De algún modo increíble, los residuos de la cultura tradicional no han sido disueltos con la adopción de formas de convivencia social moderna, sino que se ha originado un hegemonía ideológica en la cual el saber tradicional cumple el rol de reinterpretar el bombardeo audiovisual, y en la cual la cosmología occidental crea las reglas generales del estado de derecho, pero no licua en su totalidad las profundidades ontológicas de la existencia peruana. La tradición que no pereció asfixiada por los portentosos sistemas industriales, se ha redefinido como estrategia de producción, pero sigue irónicamente marginada del destino hedonístico de la producción cultural. El costo de tener que vincularse desesperadamente al mercado ha significado renunciar a una forma de plantear la modernización desde las clases populares, y ha significado desbaratar los edificios democráticos de la sabiduría popular, que no se expresan jamás en los laboratorios de la cholificación peruana.

Desde que se conoce la existencia de la izquierda, el éxito de su ideología se ha subordinado a la existencia de contradicciones sociales en los cimientos del capitalismo periférico. La creación de embrionarios emporios urbano-industriales ha significado la aparición de menudos contingentes de trabajadores, que exigían a medida que aumentaban las olas migratorias, mejores condiciones salariales, y por consiguiente, un espacio de desenvolvimiento cotidiano para sus quehaceres individuales. La formación de una lenta clase empresarial no se gestó espontáneamente, sino que fue el resultado de las diversas formas en que el capital extranjero se asentó en nuestros territorios. Según esto, la presión que podía gestionar la oligarquía se reducía a archipiélagos de modernidad, ya que la lógica del conflicto social no se hallaba en las relaciones sociales urbanas, sino en los inmensos enclaves agrícolas y en las estancadas economías de subsistencia feudal que soportaba la sierra peruana. Es decir, el antagonismo social era sublimado, porque las fuerzas de vanguardia no eran lo suficientemente conscientes de las brechas ideológicas que laceraban el campo y la ciudad.

Un mundo con enormes fragmentaciones culturales y con una heterogeneidad estructural que impedía la gestación de una identidad nacional, solamente podía recibir un impulso transformador proveniente de las influencias externas. Lo que trato de argumentar es que la madurez de las contradicciones sociales fue aceleradamente estimulada por los cambios drásticos de reestructuración del capital a nivel de los centros hegemónicos, y no por la incidencia de convulsiones internas en el aparato de dominación señorial y oligarca que soportaba el país; mi razonamiento es que este hubiera permanecido intacto sino hubiera sido violentamente sacudido por las transformaciones macro sociales que imprimió el capitalismo, con el propósito liberar al grueso de la mano de obra de las relaciones estamentales, y con el objetivo de organizar a las sociedades en la dirección de los intereses trasnacionales. Si en un primer momento el desarrollo capitalista dependía de la tímida presencia de un mercado internacional, que se restringía a algunas potencias industriales, en un segundo momento el desarrollo capitalista necesitaba más mercados para la expansión de sus productos, y por lo tanto, necesitaba acondicionar la producción de conocimientos y los estilos de vida a las necesidades de la acumulación capitalista.
Sin embargo, el fenómeno de reestructuración del capital no produjo una situación de quiebre natural del marco societal de las condiciones pre-capitalistas de producción. En un determinado momento de excitación ideológica – que era imprescindible para revolucionar las estructuras sociales- los sectores movilizados de la sociedad, se reapropiaron de los significados ideológicos de la modernización y trataron de dirigir las energías sociales desatadas, en el sentido de la construcción de una autonomía económica y del logro del desarrollo sustentable, sin participación de la inversión extranjera. Esto trajo consigo que el Estado fuera ocupado por los líderes de los florecientes sectores de izquierda, quienes legitimados por el despertar de la conciencia social, encontraron las condiciones políticas ideales para orientar las energías de la sociedad en la dirección de un populismo que revolucionara los cimientos sociales, y consiguiera alcanzar el tan ansiado sistema socialista. El exceso de historicidad no permitió que se reconocieran los objetivos políticos que animaron la desactivación de las relaciones de poder estamentarias, y por tanto, los sectores de vanguardia enceguecidos por el romanticismo de la planificación, se convirtieron en un muro de contención que interfirió el curso de desarrollo de la formación socio-histórica peruana.

Obsesionados por las ilusiones que despertó una posible transición revolucionara hacia el socialismo, los partidos de izquierda no entendieron que la ficticia adopción de la convicción socialista, no termino por desplazar del inconsciente los esquemas de saberes tradicionales que todavía respiraban intactos en las profundidades del ser social. Al no calcular las consecuencias de su acción política las canteras de los movimientos de izquierda, terminaron por desbaratar las relaciones de legitimidad que había alcanzado el Estado desarrollista, y por lo consiguiente, generaron un retroceso barbarico, con respecto a las configuraciones civilizatorias que habían alcanzado los países mas desarrollados de la región. El irracionalismo de las vestimentas del populismo tardío, que ensayo con sus variantes el gobierno militar, se vio arrinconado por las fuerzas de izquierda; además se vio ante la presencia de una ineficaz administración que no supo hallar la gobernabilidad necesaria para tomar las decisiones económicas precisas que prescribió la teoría desarrollista. La falta de armonía entre un mecanismo macroeconómico que caminaba muy lentamente, y los inquietos lenguajes exhibicionistas de la clase proletaria, que desnudaban los defectos del régimen político, no permitió establecer un pacto político que conociera a cabalidad las posibilidades reales de nuestra creación histórica objetiva.

La enfermedad histórica desvió a la conciencia de las certeras medidas que validaran un orden material, y además, faculto el contexto estructural para que la disposición de las emociones se canalizaran por un estilo de vida desvinculado totalmente de las determinaciones reales de la accidentada formación económica. Es decir, el daño ideológico que significo para las mentalidades populares los excesos violentistas de los movimientos de izquierda, abrió un horizonte cultural que empezó a estimar como sórdido cualquier acción política, y por tanto, genero el contexto valido para la extensión de una racionalidad económica, que pondría en paréntesis perpetuo las crecientes reivindicaciones sociales.

El agotamiento del precario Estado de bienestar que experimento el país, significo también el agotamiento de una forma de concebir la realidad social desde los actores internos. Internacionalizadas las relaciones capitalistas que hacen posible la supervivencia de las corporaciones trasnacionales, los actores sociales de nuestra específica sociedad se vieron obligados a redefinir estratégicamente su posición dentro de la división internacional del trabajo. Mientras el edificio social que construyo el desarrollismo se vino abajo, se expandió en el seno de las relaciones sociales una lógica instrumental del poder, que extinguió aparatosamente los procesos de socialización protectores que definió tibiamente el Estado de bienestar. Dejados a su suerte, los actores sociales que pudieron recolocarse con inteligencia en las esferas del mercado,- clase media generalmente- desplazaron estrepitosamente a las enormes mayorías, que desde ese momento histórico sobreviven creativamente en los subsuelos de la cultura popular. Pero no todos lograron amoldar sus esquemas de saberes a las nuevas situaciones del patrón actual de poder.

En la medida que el marco institucional fue intervenido por la dictadura militar, su busco desde ahí disciplinar las fuerzas sociales y excluirlas paulatinamente de la dirección de la política económica. Esto trajo consigo que no se completara el ciclo de formación de las economías nacionales, y por tanto, quedo marcadamente fuera del ejercicio de la producción de sentido, las características que estaba adoptando tímidamente la cultura nacional. Al arrancársele a los actores internos la confección de la producción de una intersubjetividad autentica, la cultura diversa que rechazo la totalidad moderna se fue moldeando alrededor de la fragmentación étnica que soporta el país. En otra palabras, la diversidad que no fue superada por el discurso homogeneizante del Estado-nación, se convirtió en el principal obstáculo real para consolidar una cultura democrática, por que la incertidumbre que despertó el proceso brusco de cambio macro sociales, desanimo al individuo a abandonar sus matrices culturales originales.
En este sentido, las regiones que recibieron los efectos ideológicos del proceso revolucionario, y que paradójicamente fueron excluidos completamente de los centralizados procesos de modernización, percibieron que la expresión de su identidad, a trabes de significativos mercados internos, fue privada injustamente de los parabienes de la modernidad. Al quedar estrangulados su iniciativas económicas, y al quedar asfixiada, mas que eso, la expresión cultural de sus identidades locales, estos actores violentamente excluidos, sintieron que el sector criollo de la elite privada, destruya las condiciones institucionales de su desarrollo y traicionaba culturalmente todo aquel sistema de significación y de valores nacionales que había propagandeado vilmente el discurso revolucionario. Demolidas las bases ideológicas de la tradición e incompletos los rasgos generales de una cultura nacional moderna, estos sectores de la sociedad se percibieron atrapados en un círculo vicioso de frustración social, razón por la cual, la historicidad que generaron los procesos de modernización no encontró más punto de escape que la absurda violencia política. El razonamiento de hacer estallar el complejo hegemónico del Estado liberal, con la explosión desesperada de un ciclo interminable de violencia, no se explica más que por la idea de que el giro económico político que imprimió el cáncer del neoliberalismo, provocó un desgarramiento esquizofrénico en el seno de las relaciones sociales; desgarramiento que explica el hecho de que el grueso de la población no se adaptara a los bruscos cambios que la metafísica empresarial ocasiona en la sociedad, y por tanto, se siente desprovista de los recursos necesarios para gestionar las crisis subjetivas inherentes al mundo administrado. La existencia de la violencia estructural no se comprende por la eficacia política para constituir una propuesta legítima de cambio social, esto está descartado de raíz.

El esfuerzo neurótico de sustituir la democracia formal – caricatura de un orden que solamente favorece a los grupos de poder económicos- por una propuesta lógicamente inviable, me hace delinear la hipótesis de que la tragedia sociocultural que significó la avanzada terrorista, no busca comportarse como una propuesta alternativa al orden social sino como un intento desquiciado de hacer explosionar las relaciones de poder desde dentro, con la única consecuencia de interrumpir seriamente el curso de la vida social, que desde mucho antes depende de las ficciones conceptuales del aparato de dominación capitalista. En tanto la vida dependa de los complicados procesos de abstracción que definen al capital será muy difícil dirigir la violencia histórica, con el propósito de hacer estallar la compleja arquitectura conceptual que el mundo administrado propaga en las mentalidades. Si no existe en sustitución de la vida cotidiana que extiende el capital una formidable propuesta de construcción de una nueva ontología de la acción social, será muy difícil aprovechar las descomunales capacidades creativas que la razón histórica despierta.

Entendiéndose que la sociedad ha cambiado en la dirección de las oportunidades que abre le capitalismo, y que por tanto, la vida se identifica velozmente con el sistema de significados que propaga la maquinaria audiovisual, se comprenderá también que la existencia de contradicciones socioculturales de nueva estirpe en el seno de la sociedad, obliga a la evolución acelerada de la izquierda, con el objetivo de interpretar adecuadamente la realidad social, y sobre esa base refundar científicamente la aventura racional de la transformación de las relaciones sociales. El hecho de persistir en el estudio de los héroes de la izquierda, sin la posibilidad de superarlos dialécticamente, desperdicia las facultades mentales para la creación de un nuevo discurso total desde la óptica de la periferia, que interprete hasta los fenómenos sociales más superficiales desde la visión de la izquierda. No sólo el hombre de izquierda debe arrebatarles el monopolio de la explicación cultural a los actores más desarrollados de élite intelectual, sino además debe renovar su discurso a las nuevas necesidades, con el propósito de impactar consistentemente en las mentalidades populares, otorgándoles una verdadera posibilidad de desarrollo desde nuestra particularidad civilizatoria. Cuanto más la izquierda desenmascare las relaciones de poder a nivel macro social y además cotidiano, tanto más hallará el pueblo en el lenguaje de la negación capitalista los recuraos cognoscitivos y los valores ideológicos para sacar adelante a nuestro país. La negación no debe atrincherarse en la nostalgia a las formas sociales pasadas, descartando las posibilidades reales del mundo objetivo, sino debe a partir del conocimiento profundo de las formaciones del saber global, diseñar una alternativa de transmutación radical de las estructuras semánticas, que al final son las que más persisten en la infamia de la cosificación.

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La "renuncia" de Augusto Álvarez Rodrich

Desde que tengo uso de razón, he sido lector de El Comercio. En mi casa nunca ha faltado los fines de semana o los días que salían coleeciones. Fuera del tinte político y lo tendencioso que puede ser, es un diario que no se puede dejar de leer, tanto por sus seguidores y sus detractores. Pero en las nocticias políticas, sinceramente mejor que El Comercio era Perú 21. Y a pesar de muchas cosas en la que podría estar en contra, Augusto Álvarez Rodrich me parece una persona honesta y que de verdad hacia bien su trabajo, con la independencia y pluralidad, cualidad que muchos diarios se atribuyen pero que no es del todo cierto.

Esta semana los comentarios sobre la salida del Director de Perú 21 significó un duro golpe a esa independencia. Como hemos visto en varios periodiscos y blogs las causas de su "renuncia" fueron consecuencia de la actitud anti-gobierno del diario y sobre todo el escándalo de los petro-audio. Sólo queda esperar que estos cambios en los diferentes medios del grupo El Comercio no signifique la entrega total de su linea editorial hacia una derecha conservadora e intolerante, como lo manifestó César Hildebrant, cuyo artículo de opinión se muestra en el siguiente link:

http://www.diariolaprimeraperu.com/online/columnistas/extranando-a-alvarez-rodrich_27457.html

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Golpeado el capitalismo, la crisis da alas a marxistas y reformistas

jueves 13 de noviembre de 2008

La crisis financiera internacional ha venido como agua de mayo para los críticos del capitalismo. El presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, reclama una "refundación del capitalismo" y el abandono de la "dictadura de los mercados". El politólogo ex neoconservador Francis Fukuyama cree que "el modelo estadounidense está acabado". Para el filósofo lingüista de izquierda Noam Chomsky, la crisis ha puesto al descubierto la "naturaleza antidemocrática" del capitalismo.

 

Marxistas como el filósofo social Werner Seppmann ya "presienten" el "posible fin del capitalismo". Escritores como Kathrin Röggla han recordado su carácter explotador: la doctrina neoliberal es un "fantasma". El arzobispo de Múnich, Reinhard Marx, advierte de que es "ingenuo e irresponsable" creer que una liberalización de todos los mercados lleva automáticamente al "triunfo del bien".

 

La editorial berlinesa Karl Diez Verlag constata con alegría que se ha disparado la venta de libros de Carlos Marx. Los sondeos revelan que la mayoría de los ciudadanos en Francia y en los estados federados alemanes que antes pertenecían a la República Democrática Alemana ya no creen en el "sistema capitalista".

 

Los que condenan el "capitalismo vaquero" (Fukuyama) vivieron un clímax emocional cuando el ex presidente de la Reserva Federal (Fed) Alan Greenspan, ensalzado como el "líder más grande del banco central estadounidense de todos los tiempos", hizo un ejercicio de penitencia. "El capitalismo no funciona. Ha habido una corrupción del sistema", confesó abatido Greenspan ante la Comisión del Senado del Congreso estadounidense.

 

Mientras que antes alababa las bondades de los mercados desregulados, en conferencias por las que cobraba 100.000 dólares, Greenspan ahora intenta explicar, a cambio de la misma cantidad de dinero, por qué se produjo el mayor descalabro bancario desde la crisis económica mundial de 1929. Y por qué ha cometido "errores" en su análisis de la realidad mundial.

 

El artífice
Greenspan fue el principal representante de una política financiera impulsada en la década de los 80 por el presidente Ronald Reagan. Siguiendo las ideas neoliberales y neoconservadores, Reagan comenzó en los 80 a reducir la intervención del Estado en la economía, rebajó los impuestos y las prestaciones sociales, desreguló los mercados y depositó su confianza en la fuerza y las capacidades de curación espontánea de la economía. También el presidente demócrata Bill Clinton y, de modo más enérgico, su sucesor George W. Bush, continuaron básicamente esa política reaganiana.

 

En su calidad de presidente de la Fed, Greenspan respaldó esa política manteniendo los tipos de interés en niveles bajos. Durante más de dos décadas, Estados Unidos y casi el mundo entero vivieron un auge económico de dimensiones desconocidas, solamente atemperado por algunos retrocesos coyunturales, el pinchazo de la "burbuja de Internet" y la crisis bancaria en Japón y Corea del Sur. Ahora, el mundo se halla ante la mayor crisis económica desde hace varias décadas: Greenspan se ha quejado de la pérdida de la "razón económica".

 

No hay que verlo así: los millones de estadounidenses que compraban casas demasiado caras se beneficiaban de los bajos tipos de interés y esperaban que los precios inmobiliarios continuaran subiendo de forma desorbitante para que los objetos financiados a base de deudas incluso arrojaran ganancias.

 

Los gigantes financieros del sector inmobiliario Fannie Mae y Freddie Mac, que antes eran semiestatales y que ahora están en manos del gobierno, así como los bancos privados "prácticamente obligaban a la gente a aceptar dinero para la compra de casas, muchas veces sin verificar su solvencia", explica la corredora Margaret Sperling de Phoenix (Arizona).

 

Y los gerentes de las instituciones financieras, presionados por los inversores para que consiguieran réditos cada vez más altos, organizaron una fiesta especulativa mundial, de la que inicialmente se beneficiaban todos, en primer lugar los altos directivos bancarios, que cobraban premios fantásticos de más de 100 millones de dólares.

 

Sin embargo, muchos no se preocupaban por saber cuál sería la suerte a largo plazo de las inversiones y los negocios crediticios. De esta manera surgieron gigantescos valores carentes de sustancia, descalificados por el megamillonario estadounidense Warren Buffett como "armas financieras de destrucción masiva". Ahora, el mundo se halla ante un desastre económico y no son pocos los que claman por una mayor intervención del Estado y cambios del sistema.

 

Sin embargo, también hay quien advierte contra una demonización de la economía de mercado, cuya esencia es la libertad de los empresarios, de los inversores y de los consumidores. Muchos políticos ven en la crisis la necesidad de un cambio estructural, que el gran economista Josef Schumpeter ha calificado como una "destrucción creativa" dentro del sistema.

 

Según los defensores del capitalismo, este sistema ha generado desde hace casi 400 años, pese a todas las condenas, una increíble riqueza para los pueblos, aun cuando esta riqueza no haya eliminado la desigualdad social, que siempre ha existido. Sin embargo, la búsqueda de beneficios, llena de riesgos, y la libre empresa son la raíz del progreso y el crecimiento, sostienen los apologistas del capitalismo.

 

"Los ciclos de auge y colapso, de megalomanía y pánico forman parte del sistema operativo del capitalismo", aseveró el escritor y filósofo alemán Hans Magnus Enzensberger en declaraciones al semanario "Spiegel". Enzensberger está convencido de que el sistema capitalista ha "generado una prosperidad nunca vista antes en la historia de la humanidad".

 

El riesgo para los contribuyentes
Sin duda alguna, en esta crisis del capitalismo el riesgo no lo corren tanto los responsables en los despachos de los directivos bancarios y los actores de Wall Street, sino en primer lugar los contribuyentes, cuyo dinero es utilizado por los gobiernos para intervenir masivamente en el sistema financiero. Y no se sabe muy bien cuál es el plan económico que pueda ayudar rápidamente a los millones de trabajadores que ya han sido despedidos y a los que aún serán despedidos.

 

Después del innegable desastre de todas las economías planificadas socialistas del pasado siglo, la cuestión solo parece ser cuánto oxígeno necesita el mercado: mucha libertad, tal como cree el mundo angloamericano, o más Estado, como pregonan muchos en Europa.

 

Todos los intentos históricos de eliminar el capitalismo no han logrado crear una sociedad más justa con una mayor consciencia moral de la gente, subrayó hace poco el economista Bert Rürup. "El capitalismo saldrá de la crisis fortalecido", sostiene el profesor de economía Jagdish Bhagwati, de la Universidad de Columbia. "No hay una alternativa al capitalismo", aseguró recientemente también el premio Nobel de la Paz Muhammad Yunuus, el banquero de Bangladesh que ha ayudado a millones de pobres en el mundo con su programa de microcréditos.

DPA

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La muerte en el Perú antiguo y contemporáneo

miércoles 5 de noviembre de 2008

La muerte en el Perú será el tema que el Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú (MNAAHP) presentará el mes de noviembre , durante el ciclo de conferencias Jueves Culturales denominado: “La muerte en el Perú antiguo y contemporaneo”.

En torno a la muerte giran todas las culturas y organizaciones sociales humanas. Así, su concepción de la muerte como fin o como tránsito, su creencia en una vida después de la muerte, en el Juicio Final... actúan como condicionantes para la actuación de los individuos en un sentido u otro. La idea de inmortalidad y la creencia en el Más Allá aparecen de una forma u otra en prácticamente todas las sociedades y momentos históricos.


Programa:
Jueves 6
La muerte en el Antiguo Perú
Dr. Peter Kaulicke

Jueves 13
La muerte en Lima en el siglo XIX en el proceso de secularización de la sociedad
Dra. Carlota Casalino

Miércoles 19
La Fiesta del Angelito. Ritual Funerario para una criatura.
Dra. Norma Leonardini

Jueves 27
Creencias y rituales andinos en torno a la muerte.
Dr. Juan Ossio

Lugar: Auditorio del MNAAHP (Plaza Bolívar s/n Pueblo Libre)
Hora: 6:30 p.m.

Ingreso Libre

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Obama afronta desde hoy el reto de cumplir los sueños estadounidenses

El próximo presidente de Estados Unidos, Barack Obama, deberá enfrentarse desde hoy al reto de cumplir las enormes expectativas que ha despertado en su país y a ajustar sus promesas a la realidad de una crisis económica profunda.

La euforia aún envuelve a sus partidarios, que han celebrado la victoria con bocinas y banderolas hasta la madrugada en muchas ciudades del país, en una fiesta espontánea inusitada que llevó a miles de personas incluso frente a las rejas de la Casa Blanca.

Sin embargo, el equipo de Obama, que lleva meses preparándose para la transición, sabe que los problemas del país son demasiado agudos para dormirse en los laureles.

El senador de Illinois hereda dos guerras, una economía hecha trizas y un Osama bin Laden, líder de Al Qaeda, aún determinado en atentar contra Estados Unidos.

Hoy, el Gobierno entregará a los asesores de Obama las llaves de una oficina de transición en el centro de Washington de 9.300 metros cuadrados, que acogerá una plantilla de un máximo de 500 personas.

Fuentes de la campaña han indicado que Obama podría anunciar los principales miembros de su gabinete esta misma semana.

Con ello, intentará evitar los errores de Bill Clinton, quien en 1992 ganó la Casa Blanca respaldado con una mayoría demócrata en el Congreso, pero cuya falta de disciplina en el relevo de poder sembró las bases de un mal comienzo. Su error fue querer hacerlo todo al mismo tiempo, según los analistas.

"Los primeros dos años de la administración de Clinton fueron un desastre para los demócratas", dijo Steven Smith, profesor de ciencias sociales de la Universidad de Washington en San Luis (Misuri).

Obama también gozará de una amplia mayoría en el Congreso y deberá definir lo que desea de verdad y convencer a los líderes de su partido en la Legislatura para que lo respalden.

Lo que parece inevitable es que se verá obligado a bajar el tono de sus promesas electorales, en vista de la crisis económica.

"Todas sus propuestas van a chocar contra la realidad fiscal del país", dijo Theodore Moran, catedrático de finanzas de la Universidad de Georgetown.

En el discurso de la victoria en Chicago, el propio Obama advirtió de que "el camino por delante será largo".

La economía será el tema más urgente y sus asesores han indicado que prevén que Obama anuncie en los próximos días su secretario del Tesoro, que deberá ser ratificado en el cargo por el Senado.

Hasta el 20 de enero, el día de la toma de posesión, se quedarán en su cargo los principales directivos actuales de ese departamento, según ha anunciado el Gobierno.

El Congreso podría no esperar tanto para aprobar el estímulo fiscal que ha propuesto Obama, por valor de US$175.000 millones.

El proyecto de ley que manejan los demócratas por ahora prevé usar unos US$100.000 millones para inversiones en infraestructura, ayuda a los estados y los municipios, asistencia a los pobres y subsidios para el desempleo.

El objetivo sería dar oxígeno a una economía que, según todas las señales, ha entrado en recesión, pero algunos economistas creen que el paquete necesitaría entre US$300.000 y US$500.000 millones para tener efecto.

Obama tendrá otras preocupaciones además de la economía, como qué hacer en Irak y Afganistán, y con los ocupantes de la prisión de Guantánamo, que ha prometido cerrar. No le falta tarea a un hombre que ha prometido cambiar Estados Unidos y el mundo.

(RPP/EFE)

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Coloquio Mujeres y Universidad en conmemoración de los 100 años de las mujeres en las aulas universitarias (1908-2008)

El 7 de noviembre de 1908 fue emitida la ley que permitía el ingreso de las mujeres a las universidades en el Perú. El programa de estudios de género de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en su búsqueda por construir una academia comprometida con la lucha de las mujeres, quiere conmemorar estos 100 años de mujeres en la universidad, con un coloquio de investigación y experiencias para pensar la educación y la cultura desde una mirada feminista.

La presencia de las mujeres en las aulas implicó una paulatina erosión de ciertos valores de la sociedad cortesana, patriarcal y jerarquizada de la época; de igual manera sus propias interrogantes contribuyeron a la ampliación de los campos tradicionales del conocimiento académico y al enriquecimeinto de la esfera pública. Sin embargo, la presencia actual cada vez mayor de mujeres en la universidad y centros educativos no implica necesariamente cambios sustantivos en las instituciones: En sus formas de ejercer el poder, en sus maneras de educar, y en las formas de producir conocimiento. Por ello, pensar la Universidad desde las mujeres va más allá de sus presencias en ella, sino en los cambios reales que sus actividades producen y pueden originar.

Este coloquio anhela ser un espacio de reunión para la memoria colectiva y la posibilidad de pensar y discutir realidades mejores -académicas, educativas y de vida- para las mujeres en el Perú.

Del 13 y 14 de noviembre
10 a.m. a 8:30 p.m.
Auditorio de la Facultad de Ciencias Sociales. Universidad Nacional Mayor de San Marcos

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