La Izquierda de cafetín

miércoles 28 de mayo de 2008

Ronald Jesús Torres Bringas

El más grande triunfo que ha conseguido la ideología demoliberal en nuestros tiempos es poner al servicio de la conservación de lo existente a las mismas fuerzas que antaño presionaban sobre los cimientos del capital. Esta paradoja a primera vista difícil de contemplar ha significado no sólo el total abandono de los proyectos de liberación impulsados desde las clases populares, sino además – y en eso creo reside la derrota de las fuerzas de vanguardia- el sistemático liquidamiento de las canteras orgánicas de los movimientos de liberación, ahí donde los tentáculos corporativistas de la política social alimentan la infamia del capital. La burocracia, matanza de las energías individuales al sabor de la eficiencia de los aparatos de control, ha revestido con su frialdad las trayectorias individuales, creando en este derrotero, socializaciones marcadamente centradas en la supervivencia y en la desconfianza; lo que a su vez ha generado como producto del agotamiento de un modelo de incorporación optimista al escenario mundial, y al redimensionamiento de la acumulación capitalista, sociedades, y por consiguiente, estructuras sociales, cuyos esfuerzos se dirigen en más de las veces exclusivamente a apoderarse con salvajismo de una posición en la geografía económica de los procesos planetarios.


Lo que actualmente llamamos globalización – el orgullo de que en este momento de la historia el planeta se interconecte en una sola dirección de progreso y bienestar – no es más que un proceso de necesaria interrelación internacional para otorgarle efectividad al sistema productivo capitalista; y para guarecer a la propia especie de fenómenos de riesgo mundial que amenazan la supervivencia de la misma, en la medida que el deterioro del medio ambiente y los juegos de presión geopolíticos a nivel de las oligarquías financieras crean la sensación de un horizonte ingobernable, carente de toda autodeterminación. A su vez la fosilización de las ideologías de la historia, el desmantelamiento de los proyectos nacional-desarrollistas y el amedrentamiento de las fuerzas de vanguardia, reducidas a intentos suicidas de subvertir el orden existente, han significado en el largo plazo el éxito de los organizaciones demócrata-burguesas sobre los proyectos socialistas, y la construcción, por consiguiente, de una moral cotidiana que se articula en dirección de una racionalidad mercantil y pragmatista.

En este sentido, la excitación de las trayectorias individuales y la expansión en la demanda de bienes simbólicos que solazan y otorgan afirmación personal, en una aldea global de precariedades e injusticias, no es solamente el resultado de la bancarrota de los esencialismos colectivos. Es además, el biotipo se socializaciones más comunes que forja la maquinaria social con el objetivo de recrear conciencias factibles a adaptarse y administrar con eficacia el caudal de recursos productivos que los hace probados funcionarios de un orden material, en el cual hay que necesariamente que militar y demostrar frecuentemente que se es útil. Así, la ofensiva de los discursos dominantes, ahí donde sus estrategas e intelectuales desestructuran y corporativizan las esencias colectivas, de donde procedían los movimientos de liberación empuja a los estratos sociales golpeados por la crisis del capital a mutar sus prácticas sociales, y por consiguiente, sus identificaciones en la dirección de las urgencias más laudables; mudando a su vez el núcleo de sus expresiones culturales, la espontaneidad de su folklore y la enjundia de sus afirmaciones subjetivas a escenarios marginales a la exterioridad concreta de la rutina para la supervivencia.

Por ello, no es complicado afirmar que el desarrollo en la actualidad de nuevos esquemas se significaciones con el medio exterior, en la medida que éste se vuelve hostil y difícil de acaparar, modifican los procesos psicológicos de las colectividades, provocando cuadros de neurosis, la proliferación de mecanismos de evasión sobredimensionados e identidades divorciadas del proceso social; razón por la cual la necesidad de sobrevivir disuade al individuo que los proyectos colectivos son esfuerzos verdaderamente inhumanos. Cada vez es más cierto que la realización de la historia colectiva se divorcia del curso absurdo del capitalismo. Es decir, el significado huye del exterior, arrojando las posibilidades concretas de encarnar un proyecto de civilización compartido a las oscuridades de la fantasía, ahí donde toda la savia creativa se desperdicia en los espacios clandestinos de la sociedad.

En el vientre de las fuerzas radicales y de los sectores de las clases urbano-industriales que aniquilaron un orden incompatible con las ventajas de las sociedades democráticas, se fue incubando en proporción a la politización antiburguesa de las organizaciones sindicales, el freno a las aspiraciones de la civilización subdesarrollada. Cuanto más se acrecentaron las distorsiones en las tendencias macroeconómicas del patrón de crecimiento industrial, porque éste no hallo la suficiente estabilidad política para negociar con los agentes externos su radicalización, tanto más la presión de las fuerzas políticas sobre las esferas del Estado hicieron explosionar un modelo de desarrollo que había modelado precarias condiciones modernas de vida social, basada en una justa redistribución social. Es decir, la vanguardia política no fue lo suficientemente inteligente para reconocer que la exagerada protesta desbarato ideológicamente un régimen de cosas que ambicionaba muy en el fondo constituir auténtica relaciones ciudadanas, superando las barreras étnicas que eran un verdadero obstáculo epistemológico para el establecimiento de la modernidad peruana. Quizás, el compromiso político que desorganizaba la frialdad técnica necesaria para armar una visión programada, ocultaba realmente una existencia trágica que reclamaba en las ilusiones del ser revolucionario una cura mágica a los desgarramientos sensoriales de la existencia individual. La utopía enmascaraba el hambre por establecer la identidad.

De esta vacilación metafísica por edificar la sociedad se valieron los sectores conservadores en contubernio con los intereses extranjeros, para acabar con el carácter democratizante de las medidas estatales, paralizando el modelo de desarrollo y estableciendo desde los ochentas una nueva relación Estado-sociedad. El afán de la burguesía por recolocarse con éxito en la nueva división internacional del trabajo que ensayaba la ortodoxia neoliberal, significaba no sólo decapitar la radicalización de las organizaciones sindicales, ahí donde se disputaban la hegemonía por el poder, sino instaurar entre la esfera política y la sociedad civil un relación que subordinara verticalmente a los esfuerzos colectivos por renegociar los términos de la política económica, que favorecieron desde entonces a la inversión privada. La crisis de la deuda y los desequilibrios que evidenciaba el capitalismo a nivel de sus economías centrales, obligaron a sus sacerdotes financieros a reestructurar las promesas de su accionar económico. Ahorcando el acceso al crédito, cerrando las posibilidades de acumulación de las economías subdesarrolladas, desbarataron en relación al desmoronamiento de las relaciones tradicionales – que impedían incorporar el grueso de la fuerza de trabajo a las relaciones mercantiles – los intentos de soberanía nacional que se orquestaban en el camino al desarrollo, fragmentando por medio de una ofensiva autoritaria, sin precedentes en la historia, los esfuerzos por hacer nacer una sociedad democrática y moderna.

A partir de entonces, desarticulada la sociedad en sus esfuerzos, propuestas e ilusiones, y por consiguiente, desarticulados sus sistemas de significación, sus formas de conocer la realidad, los sectores sociales que pudieron incluirse en las coaliciones internas que formó el capital para llevar a cabo esta desestructuración, y que desde entonces han pasado a ser gerentes exclusivos de la aristocracia capitalista, han puesto entre paréntesis perpetuo las reivindicaciones sociales y sus formas de participación pública, recreando en medio de la inestabilidad económica, mecanismos eficientes de incorporación clientelar y segmentaria que renueven permanentemente sus grupos de interés y de codicia a nivel de las categorías sociales más diversas. Con ello, garantizan el sostenimiento en el largo plazo de sus organizaciones políticas, en el control concreto de algunos espacios comerciales del mercado interno, y el enmalezamiento dirigencial de sus generaciones más jóvenes a la cacería directa de cargos de confianza en las instituciones públicas. La tecnocracia que se ha erigido producto de de esta selección corporativa de conciencias, administra hoy por hoy los intereses privados de sus socios en la élite interna y extranjera, extendiendo su moral pragmatista y esa lógica empresarial de hacer mercancía del conocimiento social, a todos los ámbitos de la vida cotidiana, burocratizando en proporción a la estrechez de los espacios de socialización exitosa, todos aquellos rincones en que la lucha por el reconocimiento y los recursos involucra la servidumbre ejecutiva de algunos y la marginalidad de muchos. La escasez de oportunidades en la calificación y admisión a mayores experiencias de realización personal empuja a los sujetos liberados de los ámbitos de formación temprana – la familia y la escuela – a adquirir y manipular con sabiduría escéptica los elementos enérgicos de esta moral pragmatista, transmitiendo a sus expresiones más íntimas y personales el manejo de una racionalidad instrumental simbólica que hace de la obtención de los bienes más intensos una guerra silenciosa de conveniencias y nihilismos desenfrenados.

Al diluirse las condiciones ideológicas que hicieron posible la configuración de una modernidad concreta, la necesidad de preservar la individualidad obliga a los actores sociales a abandonar las utopías políticas que ya no seducen a nadie y aferrarse desesperadamente a los deslumbrantes lenguajes sistémicos de las clases dominantes. La cultura al desmaterializarse se convierte en el bastión de resistencia emocional por excelencia porque la pérdida de respaldo a la lucha socioeconómica es compensada audazmente por un conjunto múltiple de representaciones que distraen a la mayoría de los problemas esenciales de la sociedad. La descomposición de las instituciones protectoras de la identidad, debido a la ofensiva de los agentes neoliberales, empuja a los individuos desvalidos a aceptar las ilusiones mercantiles que el sistema audiovisual propagandea vilmente, porque de forma inesperada el mundo vital depende acendradamente de los edificios ideológicos que el capitalismo confecciona. La reproducción de la vida se vincula estrechamente a las máscaras sensoriales del sistema productivo, lo cual quiere decir que en la mente del sujeto no hay un lugar esencial desde el cual tejer una experiencia concreta de materialidad. Es decir, el individuo – sobre todo de las grandes metrópolis – se apropia de los significados artificiales que elabora el mundo administrado percibiendo e interpretando su entorno no más que con ellos. Hasta el sujeto que a partir de su disciplina intelectual observa profundamente su medio social no es ajeno a la forma como se reproduce la vida social. Interpretando que su saber es un resultado de una trayectoria muy personal, cree firmemente que puede hacer lo que le da la gana con el, venderlo o utilizarlo para conquistar influencia sobre el menos avispado. No ve que la condición de intelectual es el orificio antropológico por el cual se puede equilibrar el poder del capitalismo descontrolado. Sin la posibilidad de que hayan casi accidentalmente algunos elegidos que piensen la viabilidad de la existencia humana es imposible romper las fortalezas del sistema y arrancarle acuerdos viables de desarrollo.

Aquel que piense que el conocimiento que vende o por el cual se destruyen las oportunidades de vida social no lo hace responsable a él de su decisión voluntaria se equivoca. El intelectual, sobre todo el que se dice de izquierdas, esta obligado a sacrificar ese hedonismo ridículo que lo cautiva por la inversión de su capital cultural a diseñar soluciones contundentes a los problemas del país. En tanto crea que su individualidad debe ser prioritaria salvarla nunca en realidad la salvará; las consecuencias de su irracional actitud al estudiar sólo lo que le gusta lo condenan a ser un criminal de la inteligencia, cuya fuerza debe estar siempre al servicio de las necesidades humanas. La exigencia por vivir la vida intensamente convence al intelectual que cualquier sacrificio político es un recurso innecesario que sólo en la cabeza de los locos puede germinar, y que por tanto, el conocimiento es un instrumento para conseguir los placeres más suculentos, aunque dicha conducta signifique la nulidad ética. Sí, hay que reconocerlo, la necesidad de echar raíces, de maniobrar con destreza en los paisajes cibernéticos del ser para salvar el propio nicho cotidiano empuja al intelectual a dejarse persuadir por el apetito de poder. Muchas veces, una sensualidad profundamente comprometida con el ser social, que llegada a su vejez se ha decepcionado enormemente de la vida política quiere transmitir con su alejamiento de la convicción lo difícil que es conciliar el pensamiento con la vida, cuando lo que en realidad transmite es la vejez y la esclerosis suficiente para congelar la vitalidad de la juventud que siempre está ansiosa de experimentar auténticas pasiones. El fracaso de estas vacas sagradas no será nunca el fracaso de nuestras nobles generaciones.

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El periodismo en el siglo XIX. Un archipiélago por descubrir

domingo 25 de mayo de 2008

Coloco acá una interesante reseña que apareció hoy en el Dominical, sobre el libro de Alberto Varillas, publicado recientemente por la Universidad San Martín. Lo que si espero, desde hace ya varias semanas, que esta publicación llegue a las librerias.

Marcel Velázquez Castro

En los últimos años, la investigación académica sobre el siglo XIX peruano se ha incrementado considerablemente. El nuevo orden republicano es el periodo donde se despliega un conjunto de discursos que formalizan categorías de identidad y procesos de construcción simbólica de nuestra cultura. Además, es el espacio en donde se gestan rasgos perdurables del campo literario peruano y se diseñan las líneas centrales que marcarán el devenir de nuestra historia literaria.


El manido tópico de considerar la literatura peruana del siglo XIX como un periodo estéril y sin logros estéticos oculta la profunda ignorancia de quienes prefieren repetir ideas ajenas a iniciar una investigación prolongada y laboriosa. Muchos textos literarios de esta etapa constituyen un archipiélago que se encuentra diseminado en los periódicos y las revistas culturales de la época; sin un conocimiento directo de estas fuentes jamás conseguiremos una visión integral y comprensiva de nuestra literatura.

La prensa fue el soporte material privilegiado para la producción literaria decimonónica. Poemas, novelas de folletín, cuadros y artículos de costumbres, tradiciones, obras teatrales, ensayos, se publicaron primero en los periódicos y revistas de la época, solo un porcentaje muy pequeño se reunía y se publicaba, posteriormente, en libro.

Alberto Varillas es un investigador especializado en el campo literario decimonónico. Ha publicado La literatura peruana del siglo XIX (1992) y es el editor de las obras completas de Manuel A. Segura (2005). Aunque su libro ofrece un panorama global del periodismo desde sus orígenes coloniales, el centro de la investigación está constituido por las publicaciones del siglo XIX, algunas de las cuales aparecen por primera vez catalogadas y descritas como El Talismán (1846) y El Diablo (1848).

Esta investigación posee varios méritos: una exhaustiva secuencia diacrónica de todas las publicaciones consultadas, un marco histórico que permite apreciar la singularidad sociocultural de cada periódico o revista, una descripción minuciosa de cada pieza, ilustraciones que nos ofrecen un viaje al pasado y un análisis ponderado. La relación alfabética de las publicaciones citadas, los cuadros y el índice onomástico facilitan la consulta tanto para el investigador especializado como para el mero lector.

En la primera mitad del siglo XIX, la cultura de lo escrito se expandió gracias a los innumerables periódicos y revistas que fueron impresos por monárquicos y republicanos, liberales y conservadores, literatos, políticos, generales, y clérigos. Esta fue una fuerza cultural que democratizó la experiencia de la lectura entre los sectores urbanos. Mientras que el libro seguía siendo una experiencia minoritaria, las hojas del periódico llegaban a diversos sectores sociales y reinaban en espacios públicos (cafés, hoteles, pulperías) y se leían y comentaban en el seno de las familias, e incluso mediante una escucha atenta eran apreciados por aquella mayoría que no sabía leer.

Un año después de la independencia el debate ideológico y las disputas políticas produjeron periódicos con nombres tan singulares como: La Cotorra, El Azote a la Cotorra, El Brujo, El Loro, El Loquero, El Loco contra el Loquero, El Periquito, entre muchos otros. Ante la Guerra con Colombia en 1828, los patriotas piuranos publicaron el oportuno periódico El Bota-fuego. Demostrando que la lucha contra el poder siempre ha sido una tarea difícil, El azote de vitalicios, tiranos y malvados (1829) solo pudo publicar un número. En Arequipa, El zancudo preguntón (1829) y en Cuzco, El duende (1830) fueron espacios para criticar a las autoridades locales.

La mayoría de periódicas y revistas fueron de corta duración, pero contienen las iras y los sueños, las promesas y las menazas, la sensibilidad y la racionalidad de nuestros antepasados. Una enciclopedia alucinante regida por la voluntad política y pedagógica del neoclásico; el humor, la sátira y la ironía más encendidos del costumbrismo; y los afanes de la incipiente figura del artista romántico. La heterogeneidad y riqueza de estos cientos de periódicos y revistas, por primera vez, aparecen ante los ojos del asombrado lector contemporáneo.

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Entre la violencia subversiva y la lucha contra la pobreza (sobre perros y cachorros 2)

martes 13 de mayo de 2008

Emil Beraún

Hace ya unas semanas el presidente peruano Alan García nos sorprendió con otro de sus artículos elaborados de forma desesperada para demostrar que su gobierno intenta en alguna medida luchar contra la pobreza; tal es así que ignorando quién es quién dentro del panteón canino titula su escrito publicado en el diario El Comercio como: El perro del hortelano contra el pobre, donde intenta explicar que por culpa del necesitado y de quienes se oponen a la privatización del país, la pobreza cunde más y más, impidiendo que las políticas gubernamentales sean aplicadas de forma adecuada pudiendo así evidenciar su efectividad.


En esta nueva presentación invadida de una pasión febril por los números como forma de convencer de lo “exacto” de su planteamiento, aduce y califica como simples letanías los planteamientos de quienes exigen mejores condiciones de vida y trabajo. En las condiciones bajo las cuales se presenta la economía mundial, no se puede ir contra las relaciones comerciales y la participación activa dentro del mercado, pero eso sí, con justicia y de forma equilibrada, brindando una remuneración adecuada y acorde con las necesidades; sin alterar el medio ambiente, y respetando a su vez los recursos naturales y patrimonios culturales. Sin embargo se aprecia de forma evidente que la asociación economía de mercado con la palabra justicia, no sólo son términos que no van de la mano, sino que se contraponen de forma interesada, re-memorando contradicciones presentes a lo largo de toda la historia, y en donde nuevas vestiduras disfrazan viejos ropajes de dominación.

Pero para García, todo el que se opone a la privatización mediante remate al martillo del país; quién defienda a la selva frente al interés de lotización al mejor postor; quién proteste por que haya la intención de querer construir un hotel en pleno Machu Pichu para regocijo del capital extranjero sin importar que atente contra la identidad y el patrimonio material e inmaterial de la población, es un antipatriota y un cuasi salvaje, pues aquí no importa como y en que forma ingrese el capital extranjero, éste tiene que ingresar como sea, sin importar que ocasione violaciones y vejaciones, total, mientras dé trabajo sin importar su forma, habrá posibilidad de demostrar estadísticamente que “estamos mejorando”. (Léase según el lenguaje oficial: desarrollo)
Todo este comportamiento de García le ha sido merecedor de reconocimientos y premios, así, ha semejanza de aquel perro fiel al cual le dan su galletita de sabores diversos por haber hecho una buena acción, a García el cual cuenta ya con sólo 26 por ciento de aprobación nacional, la revista estadounidense LatinFinance lo ha reconocido como el hombre del año (28 de marzo) por liderar el resurgimiento económico del país y mejorar la re-putación en los mercados internacionales.

Aquí si bien señalamos el nombre del presidente como persona individual, sabemos que la política de estado responde a intereses que se ubican y confortan tras él, a lo cual obviamente el presidente asiente servilmente la cabeza y obedece el dictamen de las entidades bancarias y económicas mundiales; remitimos el nombre del presidente por su marcado afán de protagonismo y su desmesurada creencia en sí mismo como un personaje mesiánico, no sólo dentro del partido aprista, sino dentro de la política nacional.

El Perú es un país que a imagen del oficialismo está en fulgurante crecimiento ininterrumpido y constante; donde la lucha contra la pobreza se hace evidente debido a las grandes inversiones que el estado orienta para programas sociales, y donde se solicita ayuda a las gruesas billeteras transnacionales para invertir y dar trabajo. Todo esto suena muy bonito, se lee muy agradable, sin embargo la población encuentra que el discurso oficial no se ajusta a la realidad cotidiana, y esto debido a que un campesino, un agricultor, un minero, un indígena amazónico, no comen números ni beben porcentajes; solicitan mejoras cualitativas, mejores formas de vida y de trabajo, pero con justicia, y ante la imposibilidad de dicha consecución se ven en la obligación de manifestar su derecho a protestar y exigir una mejor política económica por parte del gobierno.

García hace referencia a que el perro del hortelano dentro de su comportamiento anti progreso, anti patria, y anti todo, recurre a los extremistas, violentos y agresivos para protestar por todo y contra todo; grupo que a pesar de no poder reunir a algunos miles de manifestante son escuchados debido al problema educacional por el cual la población no sabe reflexionar ni discernir. Según entonces el inmediatista e infantil análisis social presidencial todo aquél que protesta lo hace sólo por ocasionar violencia; por dejar mal al país; por estar manipulado; por el simple ánimo de joder su trabajo presidencial, o por sobretodo- el cual es el principal agente descalificador- por ser un terrorista bajo nuevas apariencias, ahora vinculado con nuevos grupos y nuevas formas de manifestación, pero todas violentistas de por sí.

Es cierto, la educación en el país es deprimente, pragmática y desvinculada de toda problemática social, pero la vivencia cotidiana enseña mucho, sobretodo a quienes experimentan día a día la carestía y la precariedad, así que no se necesita ser muy instruido académicamente para darse cuenta que hay un discurso que no se ajusta a lo real, y que esa misma contradicción motiva a protestar y luchar por una mejoría de vida; además el estado nunca ha reformado realmente la educación, que de haberlo hecho no podría considerar tratar como trata al pueblo subestimándolo como lo hace, sobretodo García que lo mira constantemente por sobre el hombro, creyendo que le creerán para siempre.

Y que lamentable es en realidad apreciar el total distanciamiento entre lo que se puede considerar como una postura más reivindicativa y social del aprismo de Haya de la Torre, con el elaborado por Alan García; así, el presidente dentro del planteamiento de su último texto titulado: La revolución constructiva del aprismo, asevera que los antiguos pilares hayistas se mantienen, sólo que adecuados ahora a los tiempos modernos, pareciendo o queriendo olvidar sobre lo que en su esencia formulaban, sobre todo lo referido frente al comportamiento imperialista. El problema con el presidente y con el APRA en la actualidad que no hace nada por cambiar su nueva orientación ideológica, no es sólo haber cruzado la vereda hacia la derecha, sino sobretodo tener una actitud excluyente e inmediatista frente a la problemática nacional, creyendo que el problema está en la gente y no en las oportunidades que exige y merece.

Es también muy inmediatista hacer referencia a que todo el que proteste es necesariamente porque está manipulado, asumiendo que la población no puede darse cuenta de lo que sucede en su entorno; mucho más grave es aducir que la política es sólo para los políticos y que la población no debe politizar sus actividades, sin embargo es más patético afirmar que todo el que protesta es violentista de por sí, y por ende terrorista y criminal.

Hay en esto una intención muy clara y concreta, la cual busca el asociar cualquier reclamo, protesta e intento de lucha reivindicativo con terrorismo; el terror trasgredía la frontera entre una legítima respuesta a la opresión estructural del estado, respetando a civiles e inocentes; con una lucha y matanza sangrienta en donde se daban muerte a pobladores sin culpa alguna, los cuales debían ser los supuestos beneficiarios de dichas luchas.

La violencia se manifiesta de muchas formas, siendo su manifestación estructural la más opresiva de todas y la menos aceptada como violenta, así el hambre, la enajenación laboral, la explotación indiscriminada de los recursos y del medio ambiente, son elementos de una represión violenta y manifiesta, pero presentadas como acontecimientos sin responsabilidad directa , dándose explicaciones múltiples para su aceptación bajo una apariencia de engaño también violenta, ahora bajo una apariencia simbólica.

Es el oprimido entonces, el cual en respuesta a dicha agresión responde en la medida de sus posibilidades al opresor, dando uso a un tipo de violencia, en este caso con un valor positivo, manifestada en décadas anteriores mediante guerrillas y procesos revolucionarios. Se denominó a estos grupos subversivos, debido a su fin de cambiar el orden social, dicho término sería sin embargo asociado a todo acto terrorista, tanto como para descalificarlo en cuanto a su finalidad transformadora, o porque en realidad se haría merecedor de dicha denominación al desbordar su práctica.

Considero que en la actualidad las circunstancias y condiciones son diferentes para tentar el uso de la violencia como agente de cambio estructural, pero sin embargo es válido el uso de protestas y manifestaciones como forma de presión social y reclamo, así este tipo de violencia es la justa respuesta a la opresión del gobierno, una violencia menos directa, pero válida y justificada.

No querer que la población re-clame, es querer que la población se encuentre sumida en la servidumbre mental y en el conformismo automático, violentándola aún más, afirmando y descalificando que todas sus movilizaciones son terroristas y que su voz es simplemente el grito violentista de un fin último, agresivo y malévolo; una cosa es un violentismo donde se usa la fuerza por el simple hecho de usarla, y otra es utilizarla como medio para un fin, siendo éste la búsqueda de una reivindicación social.

No toda violencia es terrorista, ni toda violencia es necesariamente mala, pero así se presenta y así se quiere hacer evidente para evitar que el pueblo manifieste su voz de rechazo a la estructura social actual, valiéndose a su vez de éste argumento para reprimir ferozmente toda protesta, que lo único que hace es querer reclamar frente a las contradicciones irresolutas y a la actitud pasiva del estado por hacer frente a ellas. Sin embargo para García todo aquél que quiera hacer sentir su voz es un agresivo por naturaleza, un vil ente manipulado, calificado como perro del hortelano ahora bajo el espectro subversivo.

La violencia ejercida por el estado y reflejada en el accionar de las fuerzas policiales, denominadas “fuerzas del orden” se basa en una ecuación por la cual toda violencia que parta del estado así sea injustificada es buena porque mantiene el bienestar, mientras que toda violencia ejercida contra el estado, así sea merecida y justificada, es calificada como peligrosa y perniciosa.

Los hechos confirman esta postura estatal de respuesta agresiva, y los ejemplos se multiplican a toda vista como para que alguien pueda intentar ocultar su presencia, así tenemos una respuesta criminal a los paros ocurridos en los meses de febrero y marzo dejando como consecuencia ocho pobladores muertos a manos de las fuerzas encargadas de “la paz”, y en donde no se han reconocido culpable alguno-y en donde se ha acusado a los propios pobladores de dispararse a sí mismos (sic)-, se suma a esto la represión en zonas como la región de Cusco, donde la población en respuesta al intento de comercializar con su identidad recibió las más duras acusaciones, golpes, maltratos y afirmaciones acusándolos de agitadores, asociados como manipulados y salvajes violentistas, promovidos con dinero foráneo( Apareció hace unos días la información de un “nuevo” comando de “nombre” canela, conformado por agentes de inteligencia, por el cual se busca deslegitimar las protestas, boicoteándolas desde dentro, infiltrándose y buscando la justificación para la represión policial o militar).



Manifestaciones de corte similar se hicieron presentes desde fines del año pasado, en la zona amazónica del país, repitiéndose en los meses de febrero y marzo en contra de la privatización y lotización se la selva, así como del abuso cometido por las transnacionales operantes en dichas zonas, todo esto obviamente recibiendo la misma respuesta por este gobierno jactancioso de sus luchas. Pero eso no es todo, porque en este gobierno de carácter cuasi fascista y paranoico te pueden acusar si eres colombiano de miembro de la FARC, si eres venezolano de ser un chavista infiltrado queriendo boicotear las cumbres a efectuarse en el país; o en el colmo de la previsión delictiva te pueden acusar de terrorismo por asistir a un evento de corte social y de izquierda, donde prime la acusación de potencial criminal a futuro. Se nota que para el estado es más fácil asumir posturas heroicas, de compromiso pacificador y restaurador del orden, que solucionar los problemas frente a las causas originarias del problema, tal vez porque se daría cuenta que él mismo es una de las aristas más peligrosas e incidentes.



Así resulta que es mucho más fácil aplacar las manifestaciones populares reprimiéndolas, que luchando contra las causas estructurales que las originan, y sobretodo desviando la atención afirmando que dichas personas responden a intereses foráneos, aduciendo que la realidad actual no brinda la necesidad de reclamar de dicha manera. En los años de violencia política en el país y la emergencia de movimientos subversivos, se creía que aplacando mediante la militarización del país a dichos grupos el problema estaba resuelto, no cayendo en cuenta que dicha violencia era consecuencia de contradicciones irresolutas desde la colonia, en donde si bien puede haber transitado la estructura hacia un capitalismo, aún nos remitimos a una conciencia y mentalidad semifeudal debido a la ausencia de un proceso moderno; o peor aún se consideraban movimientos totalmente influenciados desde fuera, sin caer en cuenta-o no queriendo-que respondían a la realidad del Perú de fines del siglo XX.

Es más fácil y conveniente entonces reprimir que cambiar estructuralmente la sociedad, sobretodo cuando los beneficiados, esos que manejan los millones a escala mundial elaboran el predicamento por el cual se debe rendir culto a la nueva teología que domina el mundo, la teología del libre mercado y del capitalismo salvaje; la cual tiene los más fervientes devotos en muchos gobernantes y personajes que bajo el uso de la doctrina de la libre competencia quiere convencer a todos los ciudadanos que son concursantes de un mismo juego de largo aliento, en donde dependiendo del ánimo y capacidad de cada quién, está determinado su ritmo de llegada, sin influencia alguna de quién impone la reglamentación.

La lucha del estado peruano contra la pobreza, se manifiesta en la actualidad llevando a cabo una violencia de lo más represiva, no sólo subestimando al pueblo queriendo nutrirlo con números y no con mejoras palpables, sino también porque su lucha lo hace merecedor de descalificaciones de terrorismo y víctima de violencia directa, sólo por exigir condiciones más acordes con la dignidad humana.

El estado maneja la fórmula por la cual, si eres un pobre es búsqueda de mayor dignidad, y luchas por obtenerla, eres terrorista; a su vez el estado impone orden con la fuerza, una fuerza de su uso totalmente privado y exclusivo, todo esto apoyado y consensuado por la mediatización a todo nivel y escala; así consideramos que no hay en realidad una lucha contra la pobreza, sino una lucha contra el pobre, y contra todo aquél que quiere manifestar su crítica y su voz. Sin embargo no contábamos con el arma secreta del gobierno para aplacar el hambre de la población, el cual es recibir previo portazo de un militar en la madrugada algunos víveres para caritativamente calmar en algo su malestar.

La gente señor García no quiere caridad, quiere oportunidad y dignidad, y menos aún concedida si tiene la posibilidad de conseguirla por sí misma recuperando su protagonismo histórico, así considero que el pueblo debe recuperar su carácter subversivo, un carácter que no es violentista, ni tampoco terrorista, pero un carácter necesario para en realidad luchar contra las desigualdades y la pobreza que trae consigo.

En las presentes páginas se ha querido analizar lo que representa la violencia estructural, y la forma de descalificación frente a una legítima respuesta poblacional frente a ella; obviamente hay otras formas por las cuales la violencia se manifiesta socialmente, tales como la violencia de género, la violencia doméstica, la delincuencia y el maltrato infantil, que también tienen sus raíces en la forma por la cual se encuentra estructurada la sociedad, y que ameritan también un análisis basado en las contradicciones de clase y en los efectos psicológicos del capitalismo tardío, que sin embargo exceden los propósitos del presente escrito.

Mientras me encontraba redactando éstas breves páginas, se recibió la noticia que el Europarlamento (24 de abril) había rechazado declarar al movimiento revolucionario túpac amaru (MRTA) como un movimiento terrorista, ocasionando un revuelo entre los políticos peruanos los cuales rasgándose las vestiduras menean el dedo acusador mientras afirman que aquí aún cunde el terrorismo y se encuentra por doquier, por eso la necesidad de seguirle las pisadas en sus marchas y protestas.

El terror se puede definir como un método por el cual la consecución de un fin se antepone a la integridad y bienestar de personas no partícipes directamente en un conflicto o en un situación determinada de imposición; siendo el terrorismo la generalización en un grupo, movimiento, institución, o estado del uso del terror; cosa que a su vez conceptualiza al grupo o practicante en sí como terrorista.

El MRTA como guerrilla constituida se distinguía de la población utilizando uniformes militares y evidenciando a su vez sus grados respectivos, llevando a cabo muy eventualmente prácticas terroristas, que si bien desvirtuaron en algo su lucha, no considero sean suficientes para denominarlos estrictamente terroristas, y esto porque por más crudo y frío que pueda parecer, siempre en una guerrilla habrá como forma de compensar la desventaja en la cual se presenta frente a la lucha contra la mayor fuerza estatal (que a la vez manifiesta mayor terror con sus prácticas violentas, ya sean directas, simbólicas o estructurales) tácticas de boicot y sabotaje; además como en todo enfrentamiento entre ejércitos lamentablemente ocurren muertes, que de ser tipificadas como actos terroristas, todas las guerrillas latinoamericanas serían acusadas de terrorismo, a pesar de haber luchado contra regímenes opresores y dictatoriales.

Muy diferente considero fue el comportamiento del partido comunista del Perú-Sendero Luminoso, movimiento que sí utilizó como práctica cotidiana los métodos terroristas a una escala totalmente injustificada, ocasionando sobretodo la pérdida de miles de inocentes, ya sea argumentando que dicho terror era para escarmentar al pueblo “traidor”, o como respuesta al terror también aplicado por el estado peruano(causante de más de la mitad de muertes dentro del total de 70 000 producto de la violencia política); iniciándose así una escalada de violencia donde el pueblo se debatía entre dos fuegos, y moriría también víctima de ambos fuegos, siendo un resultado funesto para quién debía ser el mayor beneficiario de la insurgencia armada.

Una carta enviada por la Asociación Pro-Derechos Humanos (APRODEH) en respuesta a la inquietud del europarlamento sobre la actividad de los denominados movimientos terroristas, es acusada de haber influido de sobremanera para descalificar al MRTA como terrorista; en dicha carta se expone la condena de su accionar y su práctica, pero comete el “pecado” de decir la verdad, la cual es su inactividad desde hace más de ocho años.

Esta verdad al parecer no cayó bien frente al discurso que cotidianamente es elaborado para ser digerido por la población, elaborándose de forma unánime por la prensa “conciente y democrática” y por un parlamento que sólo sabe ponerse de acuerdo teniendo en cuenta el que dirán frente al discurso hegemónico, una acusación por la cual APRODEH, pasa a ser ahora defensora de terroristas y sus dirigentes acusados de tener los más oscuros transfondos interesados.

Es interesante ver como una entidad defensora de los derechos humanos es des-calificada de un momento a otro por ir contra el discurso oficial de tener el terror a la vuelta de la esquina, así García el principal culpable de asesinar a más de 200 reclusos del penal del frontón durante su anterior gobierno; su vice-presidente en la actualidad Giampietri, acusado de haber ejecutado la orden de dicha matanza; los fujimoristas (léase los aún incondicionales del reo Fujimori) que se niegan a aceptar que su líder haya abusado en gran magnitud contra los derechos humanos, haciendo alusión que era un pobre presidente que no sabía nada de lo que ocurría a su alrededor; todos, despotrican contra el APRODEH, todos la acusan de ser pro terror; curiosa acusación principal de quienes son también terroristas en su práctica, y que merecen aún recibir la adecuada sanción. Aquí no entraremos en el debate si el MRTA es o no terrorista, por más que haya adelantado en algo mi postura, sino se hace urgente analizar el interés por el cual se hace urgente poner en evidencia su presencia y su accionar como continuo.



Las marchas y las protestas hacen que la imagen paradisiaca que intenta presentar García, sea opacada, y que mejor forma que desacreditarlas, y tener un argumento que valide la cruenta represión, que relacionarlas con movimientos terroristas nacionales y foráneos, para acreditar como ya hicimos mención, que quién no está a favor del gobierno, está contra el “progreso”, siendo calificado como un perro del hortelano vil y terrorista. Sí este planteamiento les recuerda a otro dicho previamente por otro “pacificador” mundial, no es pura coincidencia.

Estados Unidos es la patria que pare el mayor terror posible a escala mundial, pariendo a su vez crías, que mientras crecen, aprenden las prácticas mismas de su progenitor, así el pequeño Uribe y el pequeño García juegan a ser pequeños reproductores de la política de terror, con los paramilitares uno y con las matanzas del pasado y los miedos y represiones del presente el otro. (que buenos cachorros)

El pueblo tiene que recuperar su carácter subversivo, me reafirmo en ello, protestando y reclamando por una mayor justicia y dignidad, y haciendo quedar en evidencia frente a lo que pueda decir el discurso único; que tener hambre no es terrorismo, que ser pobre no es terrorismo, que ser excluido no es terrorismo; pero sí es de un gobierno que proponga terror acallar la voz del dichos reclamos.

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Los rebeldes antisistema

lunes 12 de mayo de 2008

César Arias Quincot

Este año, recordamos las cuatro décadas del alzamiento de los estudiantes franceses no solo contra el gobierno del general De Gaulle sino contra el sistema que imperaba en el mundo capitalista desarrollado y democrático.


JUVENTUDES REBELDES
Recuerdo muy bien aquellos tiempos, pues yo era estudiante universitario y acudía diariamente a las aulas de la Católica. Eran tiempos de cambio: los varones nos dejábamos crecer el cabello dejando de lado el pelo cortito propio de las décadas de 1940 y 1950, y las chicas comenzaron a utilizar no solo los pantalones sino la entonces revolucionaria minifalda; en la Iglesia católica maduraba el compromiso con los pobres y en América Latina eran frecuentes los enfrentamientos de los obispos con las dictaduras militares represivas; en China, los guardias rojos, poseídos de un fanatismo alucinante, perseguían a profesores, intelectuales o artistas para humillarlos colocándoles cucuruchos de papel en sus cabezas y paseándolos por las calles; en Praga, los jóvenes se sentaron en las calles para detener los tanques soviéticos, y en México, para terminar con la insurgencia estudiantil, el ejército masacró a decenas de jóvenes en la plaza de las Tres Culturas. En Brasil, la agitación estudiantil contra la dictadura generó el Acta Institucional número 5, que endureció el régimen. Nosotros vivimos nuestra pequeña rebelión estudiantil, pues sufrimos un receso de más de un mes debido a que protestamos por un pésimo sistema de pensiones escalonadas que impusieron las autoridades, de modo inconsulto.
Los incidentes en París se iniciaron en Nanterre, el centro de los ultras de izquierda, y ante la represión policial, el alzamiento se contagió a toda la Sorbona. Cuando la Policía chocó con los estudiantes en el Barrio Latino, se encendió la pradera y el levantamiento estudiantil se extendió por toda Francia.

JAQUE DE DE GAULLE
Luego de que se paralizó la mayor parte de los centros de educación superior, se inició la agitación obrera: la mayoría de las fábricas de mayor tamaño y que empleaban más trabajadores fueron tomadas por los obreros, pero fue posible distinguir, a simple vista, las diferencias entre ambos movimientos: en tanto que los estudiantes deseaban una revolución radical de una sociedad a la que cuestionaban por burguesa, injusta y prosaica, los obreros deseaban apoderarse de una mayor proporción de la riqueza nacional sin necesidad de cambiar de sistema económico ni de sociedad. En suma, los obreros no deseaban la revolución sino solo un ingreso real sustantivamente superior. El Partido Comunista, la fuerza dominante entre el proletariado organizado, buscó negociar con el empresariado y el gobierno el incremento salarial, en tanto que –desde una perspectiva política– la cúpula del PCF buscaba que un frente de izquierdas derrotara a De Gaulle en un proceso electoral.

En los momentos más patéticos de la crisis –cuando Francia estaba en ebullición–, el general visitó las bases militares en el interior del país y en Alemania, y luego se dirigió al pueblo planteando la salida electoral después de denunciar la amenaza del "comunismo totalitario". Tras ello, se efectuó en París una gran marcha de apoyo al gobierno encabezada por el ministro de Cultura, André Malraux. Para que se efectuaran las elecciones, los obreros desocuparon las fábricas y la situación económica empezó a normalizarse. Los estudiantes quedaron aislados. Las elecciones le dieron una amplia victoria a De Gaulle. Los líderes estudiantiles se dedicaron a criticar al PCF por su supuesta "traición" a la revolución. La mayor parte de los analistas de la ultra coincidió en considerar que ese proceso era una especie de 1905 francés, es decir, el preludio de una revolución que signifi cara la toma del poder (un 1917 francés, para seguir con la metáfora rusa).

Fue un movimiento caracterizado por la ingenuidad, el radicalismo y la poesía; romántico por su frescura juvenil y el compromiso de los intelectuales. Quienes vivimos ese año siendo estudiantes recordaremos siempre consignas como: "La imaginación al poder"; "seamos realistas: exijamos lo imposible" o "todos somos judíos alemanes".

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Lacrimógenas realidades: sobre la re-presión estudiantil en San Marcos

Emil Beraún Beraún

Se ve por las pantallas de los televisores, se escucha por la radio, y a la mañana siguiente se lee en la mayoría de diarios; que cientos de alumnos de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, marcados por una tendencia violentista que al parecer se condiciona por manipulaciones de subversivos e inconformes sin causalidad alguna, se enfrentaron a la policia (8 de mayo), extrañamente a pocos días de que el país sea sede de la cumbre América Latina, el Caribe, y la Unión Europea (ALC-UE).

Los medios de comunicación masiva impulsan intencionalmente, respondiendo a su vez a los intereses que representan, un consenso por el cual los alumnos son presentados como delincuentes, terroristas, y simples entrampadores de la construcción de un moderno by-pass que agilizará el tránsito y modernizará la ciudad, y que si bien cercena en gran parte el recinto de estudios, esta modernización trasciende y justifica cualquier “invasión” al campus universitario.

Se hace alusión mediante los medios de comunicación, a las motivaciones reales del alumnado, las cuales reflejan una presencia aún latente de un terrorismo enmascarado bajo sombras estudiantiles, merecedoras de la más cruenta re-presión. Se presenta a los alumnos como des-preocupados por sus actividades académicas, queriendo “politizarlo” todo, y manifestando un tipo de “violencia criminal”, ya supuestamente desarraigada tiempo atrás, y que se vuelve a hacer presente; asustando a la población y re-confirmando lo que el estado mismo estipula y propugna: la vigencia y presencia firme del terrorismo, el cual se manifiesta en todo reclamo y toda protesta.

Los policias evitaron una marcha pacífica de los estudiantes hacia el congreso de la república, la cual tenía la finalidad de exigir la reformulación del proyecto del by-pass. (el reclamo también se efectuaba contra el alcalde de Lima, Luís Castañeda, el cual firmó junto al rector un acuerdo para dicha construcción, no teniendo la responsabilidad de medir el impacto social dentro del alumnado, el cual para variar casi nunca es tomado en cuenta)

La denominadas “fuerzas del orden” provocaron al alumnado, lo maltrataron, golpearon, y sin contentarse con ello y violando la autonomía universitaria, ingresaron a fuerza de bombas lacrimógenas, golpeando a quién veían, ingresando a las facultades, y arrestando a quién podían. El estado en la actualidad quiere engendrar miedo, afirmando que todo el que protesta, se manifiesta y lucha, es un terrorista evidente y descarado; ahora no sólo el pobre que protesta, el indígena que lucha por una mayor inclusión, el hombre de la amazonía que no quiere que privaticen la selva, el trabajador que busca mejores condiciones de vida, sino también el estudiante conciente de sus derechos y defensor de su recinto de estudios, es descalificado como un delincuente y violentista puro, bajo el slogan del resurgimiento del terror y el retorno a realidades pasadas.

El alumno, dicen los medios de comunicación, debe dedicarse a estudiar y no a tirar piedras, debe dedicarse a sus libros y no a enfrentarse con los policias, todo esto mientras la televisión, aquella caja boba que lamentablemente muestra imágenes que son consideradas más valiosas que mil palabras, siguen confirmando la directriz mediática, mostrando a los alumnos atacando a los policias “pobremente” armados con palos, escudos, y centenares de bombas lacrimógenas y viendo a dos policias contusos, mientras no hacen mención de los alumnos heridos de gravedad gracias a la represión criminal policial.

El viernes 09 de mayo, un día luego de los sucesos acontecidos en la universidad, el premier Jorge del Castillo, re-inició la repetición del estribillo verborreico al calificar de delincuencial el comportamiento del alumnado, obviamente motivado por extremistas. Así, en declaraciones vertidas a los medios de prensa afirmó: “¿qué clase de estudiantes son éstos?, presuntamente progresistas, que defienden a los trabajadores, pero que a la primera ocasión le pegan a los obreros de la municipalidad”. (Diario EL Comercio)

Ese mismo día, algunos momentos después, el presidente del congreso Luís Gonzáles Posada afirmó que la imagen del país se ve dañada por un grupo de estudiantes: “No quiero pensar que éstos desórdenes y anunciados paros apunten a un complot contra el Perú………..A mí sí me choca y me da pena enorme que este esfuerzo descomunal del país para sacar adelante estas cumbres, pretenda ser aplastado por gente que no tuvo firmeza para combatir, por ejemplo, a la dictadura”. (Opiniones expresadas en una entrevista radial en radio programas del Perú)

Es de llamar la atención como se presenta la siguiente fórmula: si protestas por algún motivo, eres un violentista (hacer violencia por el simple gusto de ocasionar daño), si eres violentista, atentas contra la democracia, ante lo cual ocasionas terror y mereces ser calificado como terrorista. (Obviamente la relación con los denominados grupos subversivos cae por su propio peso)

Por ende quién reclama tiene un trasfondo, sin otra motivación que perjudicar a la sociedad, siendo a la vez víctima de una manipulación. Nadie para el gobierno protesta porque en realidad es conciente de la realidad y sus contradicciones, protesta porque es violento, porque es malo, o porque simplemente quiere atentar contra la “democracia”.

Mientras reflexionaba sobre las presentes líneas, acaban de transmitir por la televisión cuatro comerciales dedicados a justificar la política de gobierno, la activa labor de la policia (a la cual el gobierno le ha dado la orden de actuar y no pensar cuando de reprimir se trate), y la elocuencia presidencial. Nótese la actitud de crear un pensamiento único frente a los acontecimientos, para ser explicados y entendidos según se repita con mayor frecuencia, siendo en éste preciso caso, el presentar al sanmarquino como un vil agresor y rebelde sin causa, impidiendo sin más ni más la construcción del by-pass, cuando en realidad lo que desea el alumnado es una reformulación que evite la pérdida de 28 mil metros cuadrados, provocando también una contaminación sonora, ocasionando inconvenientes en las cercanías a las aulas de estudio.

Un alumno desligado de su realidad y su entorno, es el ideal educativo actual de muchos gobiernos, donde se acate sin dudar las órdenes impuestas y la política vertical estatal; por eso, no es conveniente alumnos que critiquen, que cuestionen y mucho menos que luchen, por esto mismo dichas luchas estudiantiles son presentadas como alteraciones graves del “orden y bienestar”, y calificadas como perniciosas.

La universidad es una sociedad en pequeño, llena de contradicciones y problemas a ser resueltos, donde los futuros profesionales intenten mejorarla y cambiarla, mientras se enfrentan a la sociedad y propugnan también su cambio. Las luchas desvirtúan la educación se afirma a diestra y siniestra, mientras los estudiantes mediante sus manifestaciones y protestas muestran lo contrario, evidenciando que luchando también se está educando (y des-mediatizando la realidad); siendo está práctica una de las mejores enseñanzas, la cual incide en que no todo conocimiento estriba sólo en el aspecto teórico y académico.

Las lucha por el respeto al recinto estudiantil no es violentista de por sí, todo acto de protesta y reclamo es respuesta a una opresión primera, en donde el oprimido no da la otra mejilla, sino lucha por su reivindicación como sujeto histórico, así, la violencia como acto de razón que busque su recuperación protagónica es válida, frente a la que busque someterlo y minimizarlo.

Se manifiesta además como agente descalificador de la protesta estudiantil (como con el resto de manifestaciones a llevarse a cabo por éstos días) la coincidencia que tienen con las cumbres a llevarse a cabo en el país, sin otra finalidad que la de boicotear su imagen bien ganada en la actualidad. Esto resulta tan absurdo como si el hambre tuviese fechas o calendarios, como si la pobreza conociese de feriados o fines de semana largos, como si la protesta reconociera días útiles o feriados.

Más descarado y sinvergüenza es el gobierno, que quiere evitar que se manifieste la imagen tal cual del país, queriéndolo mostrar como si fuese un lugar de las mil maravillas, sin ningún problema y dificultad; faltando solamente que el presidente se vista como Alicia y reciba en cuclillas a las delegaciones europeas, mientras pone su cara de niño cojudo a la espera de una jugosa propina.

Es de llamar la atención también lo referido por Luís Gonzáles Posada, el cual al parecer se encontraba en “otro mundo” durante el gobierno de Fujimori, debido a que parece no estar enterado que fueron también las protestas estudiantiles las que reclamando contra el gobierno del dictador lo lograron empujar hacia el abismo de la justicia. Mucho se des-califica a los estudiantes, mucho se descalifica a las protestas, sin embargo; y como se ha hecho ya mención, la práctica manifestada mediante la lucha estudiantil, también educa, enseña y brinda un ejemplo, un ejemplo que va alumbrando y marcando un camino hacia una mejora social.

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